miércoles, 18 de julio de 2018

“El sonido Akun Maia tiene que ver con la libertad de pararse firme en un lugar y ampliar el horizonte”

En los próximos días la banda cordobesa Akun Maia iniciará una gira por Buenos Aires y La Plata. Hablamos con Gustavo y Martín Ledesma, la base rítmica del grupo, quienes nos acercan la identidad de la banda, basada en un mestizaje amplio de estilos, pero focalizados en el reggae jamaiquino.
Fotos: Lety Cabello

¿Cómo se da el proceso de formación de la banda para llegar a la experiencia actual?

Gustavo Ledesma: En 2010 cuando arrancamos, la base original era batería, bajo, violín y guitarra. Al poco tiempo se sumó la percusión. En algún momento tuvimos teclas, voces mujeres, algunos vientos que iban y venían. En una etapa, creo que por 2012, 2013, volvimos a ser la formación original, que nos sirvió, con lo acumulado, para experimentar mucho la parte rockera, lo toques tenían esa intensidad; una etapa muy rockera: o sea, había shows que arrancábamos con “Despiértate nena” al palo. Luego de esa etapa, sumamos definitivamente teclas, dos vientos; y ahora hay un viento más. Somos 9 y desde hace dos años y medio venimos con esta formación estable: batería, bajo, percusión, violín, guitarra, teclado, y tres vientos: trompeta, trombón y flugel.


¿Y con respecto al sonido? Se aprecia un anclaje en el reggae pero también una búsqueda hacia diversos géneros.

Martín Ledesma: Históricamente la banda se junta para armar un jam session de música jamaiquina. Así como los jazzeros se juntan en bares o donde sea, nuestra idea fue hacer eso mismo pero con reggae, ska y otros ritmos jamaiquinos. Entonces surge la investigación, la búsqueda y el estudio de todos esos años en Jamaica. Sobre todo desde los 60´s hasta los 90´s, porque la música actual jamaiquina dista mucho de lo gestado en décadas anteriores.

Gustavo: En un primer momento la banda fue estrictamente en una búsqueda del folcklore jamaiquino. La idea era hacer un reggae tradicional, clásico. De los ´60, ´70, ´80. De alguna manera tratábamos (todavía tratamos) de aprender mucho: es un género muy rico. Aprender el estilo, tocarlo, escucharlo, e ir viendo qué salía. Las versiones se encuadraban bastante dentro de lo que es el género del reggae. Pero después vimos que los temas propios era como que se iban saliendo de esa estructura. Y tomaban una forma más libre: por ahí aparecían zapadas dub, bastante libres, que eso viene de la influencia del rock psicodélico que cada uno traía. Casi toda la banda escuchaba mucho rock psicodélico de los ´70, y eso tenía mucho que ver. Entonces la psicodelia te da esa libertad: de buscar, de sentir la música, de no estructurarlo demasiado. Y eso fue un sello para la banda. Después también empezamos a zapar en base a esa experimentación: un día hicimos una cumbia y la pasamos bien; otro día hicimos un rock, y al otro día indagamos por las vetas de algún folcklore latinoamericano. Otra vez había algo más tipo celta, y nos sentíamos bien en eso. Después eso se vuelca al vivo por una propia cuestión de circunstancias: alguna vez, tocando, nos quedamos sin temas y sacamos esas canciones que habíamos experimentado. Y también hubo una buena recepción por parte del público. Se fue dando todo muy libremente hasta que llegó el día en que no nos planteamos: “che, no estamos haciendo reggae jamaiquino”. Ya no era necesario eso. Nos dimos cuenta de que el sentimiento de comodidad musical siempre fue más importante que el estar todos los días queriendo estructurar lo que hacíamos. Hay muchas influencias en la banda pero lo que nos caracteriza es la libertad de hacer lo que sentimos. Algunos nos pueden clasificar como world music pero considero que es un término bastante corto y berreta. No sé muy bien por qué hacemos los temas que hacemos, lo que sí es que salen por la libertad que tenemos al hacerlos.


Fotos: Lety Cabello

Al ser una banda numerosa y mestiza, ¿cómo es el trabajo compositivo?

Gustavo: A nivel compositivo siempre hemos trabajado de tres maneras: al principio, haciendo covers de canciones que nos gustaban, sobre todo clásicos del jazz y del swing; otra forma es zapando en la sala, o alguien que trae una base y arriba de eso vamos jugando y estructurando; y sino cuando alguien proponía una canción ya elaborada con una estructura, armonía y, según el caso, letra. En cualquiera de los tres casos siempre trabajamos igual: una cierta estructura y ciertos espacios “libres” donde uno, dos o hasta incluso tres o cuatro integrantes proponen elementos que van poblando la canción.

Martin: En el caso de que alguien lleve una idea concreta, como en el caso de “Chechen” o “Antimanyin”, se las adapta al estilo de la banda. Hay otras que han surgido netamente de la improvisación. Es decir, se van sumando elementos que dan forma a una base que nos gusta y la recordamos o la grabamos en algún celular, para tener registro, y a partir de ahí se le empieza dar una forma. Se le da una melodía, a veces se aporta una letra, a veces no. “José”, por ejemplo, es una cumbia que nació de las improvisaciones y después se le agregó una letra súper bizarra sobre los extraterrestres.

¿Y eso cómo lo vuelcan al vivo, cómo es la experiencia de Akun Maia arriba del escenario?

Martín: Otro ejercicio es readaptar las canciones al sonido en vivo. Intentamos ahí respetar una manera fiel, aunque el vivo claro tiene otro sonido, comparado a un disco. En el disco se le da un tratamiento muy minucioso del sonido, y a veces en vivo se trabaja lo que se puede, se está más condicionado. En vivo intentamos generar una energía particular, primero entre nosotros, para poder generar una textura homogénea con la idea de que llegue al público, desde lo emocional. En vivo mostramos el costado rockero, asociado no a la prolijidad sino a lo emocional, lo visceral, lo sentido desde las tripas. En los shows hay introspección, pero también baile; justamente por el crisol de ritmos e intensidades que trascurre la banda.

El año pasado editaron su primer disco “Lo lindo de la vida”, ¿Qué se puede oír materializado con todo el bagaje de estilos que laburan?

Martín: Lo que se puede ver en el disco es el trascurso de estos 7 años en los que la banda fue mutando mucho porque se sumaron nuevos integrantes, pero también y sobre todo por el hecho de jugar con la música. Así como al principio te dije del estudio minucioso de la música jamaiquina, esa jam session nunca se dio, por lo que empezamos a hacer lo que nos inquietaba a nosotros, lo que iba tomando forma sin pensarlo tanto. Experimentamos con el reggae y el ska, el primer año fue básicamente eso. En el segundo año se da que experimentamos con la cumbia; y más adelante también nos sumergimos en la música balcánica y algunos otros pasajes. Con esta apertura de experimentación es que nos animamos a jugar más en esos territorios de traer “nuevos” estilos, incluso drum and bass que se puede apreciar en la canción “Bat-man”. También tiene que ver con que somos una banda numerosa y de distintos puntos del país. Tavo y yo somos de Chubut; el Tonga es de Neuquén; Jorgito, en las teclas, que es de La Rioja; después los muchachos de Córdoba: El Mago de Alta Córdoba; el Leo que toca el violín es de Juniors; el Fede es del sur de la provincia; El Sabor, que es uno de los trompetistas, es de barrio Güemes-Observatorio. Así que somos de distintos lugares y todos venimos de distintos palos también: siempre cada uno ha tenido una banda de rock en algún momento de su vida. Así que se mixturó eso en juntarnos a estudiar música jamaiquina, y luego de eso soltarnos a la música del mundo. Pasa en algunas canciones: es un reggae pero está sonando algo celta por arriba -“El antimanyin”- o en “Jose” que es una cumbia colombiana pero está llena de delays, entonces eso le da una estética dub.
Curtimos mucha música del mundo. Nos delimitamos en Jamaica como embrión pero después exploramos, nos permitimos jugar. Creo que el disco resume lo lindo de las músicas del mundo que nos atraen. A todos nos gusta el rock, el reggae, el ska, el jazz, el blues; nos gusta la música cubana, la balcánica, la gitana, la celta; algunos, incluso, nos gusta la música hindú, y a todos nos gusta el folcklore argentino. O sea, es un abanico muy grande. Yo creo que el sonido Akun Maia tiene que ver con la libertad de pararse firme en un lugar y ampliar el horizonte. La riqueza se da en haber fusionado muchos géneros, con un vuelo propio. Nos ha costado mucho pero le hemos puesto actitud.


* Publicada originalmente en revista Barro - 12 de abril 2017
Fotos: Lety Cabello

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