viernes, 27 de noviembre de 2020

Todo gigante muere cansado de que lo observen los de afuera

 Ayer terminó el siglo XX. Terminó de concluir. Con él se fue el último de sus signos, el último de sus hombres.

Tal vez dentro de cientos, miles de años, un grupo de personas se siga reuniendo alrededor de un fuego a contar historias; y cuenten que hubo un siglo en donde existió algo llamado deportes, y en el más popular de ellos brilló un morochito villero que les vino a cantar las cuarenta a los poderosos del mundo. Que, representando la sed de los nadie, significó las humildes victorias de los que siempre habían perdido. Y esas alegrías fueron ganadas en el campo, en los hechos, y en el acumulado simbólico que el propio pueblo creó.
Pensaba en esto de fin del siglo, y me crucé con un poema. Un fragmento dice:
“(...)
El hombre de campo mira pasar el río.
El hombre de ciudad mira pasar el tren.
Ambos reflexionan sobre el pequeño mecanismo
de los acontecimientos.
Pero yo no...
Yo estoy cansado de este mundo nuevo.
(...)
Para tranquilizarme, me digo:
´Soy mi padre y mi hermano,
nací de pie, al final de la última era nupcial;
contemporáneo del Gran Jugador´
(…)”
Recuerdo la vez que, con mi padre y mi hermano, estuvimos frente al Gran Jugador. Sólo nosotros. Fue un instante, un fragmento fugaz de sólo unos segundos. Un momento que habrá durado lo mismo que La Jugada de Todos los Tiempos; o sea, para nosotros, simples mortales, una eternidad. Con mi hermano (alimentados por las leyendas) nos quedamos duros, inmutables, a un metro de él. Mi padre, que vio y vivió las hazañas del Gran Jugador en tiempo, no contuvo su entusiasmo y se abalanzó con un saludo ferviente. Esa noche, gritamos los mismos goles, bajo las luces del mismo estadio, empapados por la misma lluvia. La anécdota tiene sus gambetas, que se guardan para lucir entre amigos. Lo notable es el recuerdo que la anécdota trae ahora: por un instante, en un gesto azaroso y divino, estuvimos solos frente al tipo que nunca estuvo solo. Aunque sus ojos sí mostraban soledad, la soledad. Eso ví.
También ayer recibí un mensaje del Gabi. De los amigos de mi adolescencia el Gabi es el que mejor jugaba al fútbol. Por lejos. Él se divertía tirando caños, gambeteando hasta los árboles, danzando; y nosotros (cualquiera que estaba a su alrededor) se divertía mirándolo jugar, aunque fuéramos víctimas de sus jueguitos. A lo largo de los años con el Gabi siempre hablamos del Gran Jugador en un tono chistoso. Ayer intercambiamos penas. Para despedirse me pone: “Adiós al jugador que todos quisimos ser”. Gabi es repartidor, trabaja repartiendo bebidas en los pueblos aledaños de donde crecimos. Por lo que me contó la última vez que nos vimos, no se divierte tanto ahora repartiendo mercadería, como cuando repartía caños y gambetas a todos los pibes que se le cruzaban. Pensaba en eso y también me crucé con un poema de otro gran artista popular, Leonardo Favio, cuyo final es:
“(...)
Mientras haya un planeta en que respire un niño,
un niño habrá que sueñe que es Diego,
y que repite los goles imposibles
de músicas y pájaros.”
Esta sensación de fin de era, también deja la continuidad que él sembró frente a las adversidades. Esa continuidad asociada a los sueños, al potrero, al barrio, al barro, a la amistad, al canto de los pájaros. Esa que los poderosos se han encargado de querer borrar, y lo han hecho cortándole las piernas al fútbol, el más popular de los deportes de un siglo que ya no existe. Tal vez el fútbol haya terminado ahí, en ese corte de gambas, y lo que sigue sea más parecido a una simulación que a un deporte, a un negocio que a una congregación, a empresas que a clubes, a falsas ilusiones que a sueños, más parecido a una playstation que a un juego. Por suerte, repito, también existe la continuidad de las pasiones. Y ahora que cada vez pasan menos trenes, que cada vez corren menos ríos, habrá que rastrear en la ruinas de los tiempos, rescatar de los escombros la trama de los pueblos, que buscan su lugar en la historia. Mientras la hacen día a día. La experiencia de la vida.

Neuquén, Argentina. 26-11-020





lunes, 29 de junio de 2020

Eterno aprendizaje de la música y los recuerdos

Giseve dice que el año que viene se cambia de carrera. Que es un desastre para el sistema institucional. Que lo suyo es la autogestión. También dice que no es rapera. Giseve recuerda las reuniones familiares numerosas donde cantaba "algún tema de La Sole"; también de esa infancia recuerda los viajes en caravana a la cordillera, que siempre eran una aventura. Y esa misma cordillera hermanada que la recibió junto a su pequeña hija, en la primera gira que organizó por y para ella. También recuerda sus primeras canciones y su paso por escenarios “gigantes”. Giseve se considera cantora y dice, a horas de presentar su primer disco, que ella vive música. Y que quiere hacer eso toda su vida, como una Eterna Aprendiz. 

Fotografías Facundo Geli




Una mañana de esta primavera que parece verano, nos reunimos con Giseve y, previo a la sesión de fotos, charlamos un largo rato sobre su vida. Mate de por medio, repasamos momentos clave de su historia, en la que siempre sintió estar aprendiendo y así decide reafirmarse. Por eso el título de su primer disco, "Eterna Aprendiz", que lo presenta hoy en la Escuela de Música. Este perfil pinta, en la propia voz de Giseve, el retrato de una artista del Alto Valle, que decide "vivir música". 

La autogestión del presente

"Hace poco decidí que me cambio de carrera. Estaba haciendo el Profesorado de Música, y el año que viene arranco con el Profesorado de Canto, directamente. Me quiero focalizar más en eso porque me veo haciendo cosas autogestivas. No me hallo en las cuestiones institucionales". 

"Quiero seguir haciendo esto toda mi vida. Sí sale gira, ir de gira; si tengo tal recital, poder hacerlo. Siento que quiero alimentar la parte de la autogestión. Por eso voy a concentrarme en el canto. Así puedo dar clases por mi cuenta; hacer una escuelita de canto en mi casa, con mis horarios".

Juventud, divino tesoro

"Recuerdo de ser la única niña entre mis familiares (todos mis primos se iban a dormir) que me quedaba en las reuniones, y los escuchaba cantar. Era muy receptiva, y eso fue muy marcado desde chica.  'La sobrina que canta, que se cante algo´   y yo siempre terminaba cantando canciones de La Sole. Y en ese momento era eso, del lado del folclore que siempre estuvo abarcado por sectores machistas, que venga una mujer, niña, a revolear el poncho significó algo piola. Y entonces yo me identificaba con ella. Después se fue acoplando a otras cuestiones, pero en ese momento estaba re bueno, y mi familia me alentaba para cantar. Ahí me fui sacando la vergüenza".

"Mi papá tiene 8 hermanos y todos en las reuniones familiares, cantaban. A un primo, lo hacian rapear también, entonces se daba una mixtura interesante. Se permitía eso y se abría el juego para que eso suceda". 

"Era super intenso eso. Las reuniones familiares o los viajes. Por ahí nos íbamos a la cordillera como un mes y medio. Yo no sé como hacíamos, pero íbamos en un renó 12, en una camioneta que se caía a pedazos, ¡y nos metíamos al medio de la montaña! Que vos decís 'hoy en día ni a palos lo hacemos', pero en ese momento sí. Capaz que llegábamos a Piedra de Águila y ya se rompía un auto, así que nos quedábamos como 4 días hasta que lo arreglaran. O dejaban el auto ahí, y nos repartíamos en los otros autos. Porque salíamos en caravana como de 12 autos. Fíjate si seriamos numerosos. Era toda una aventura".

La guitarra invertida

"Después en la adolescencia, cuando empecé la secundaria, empecé a escuchar rock. Incluso mis primeras canciones fueron de rock. Callejero, bizarro. En ese momento era muy del rock Nacional. Con todo lo que abarca: Cerati, por un lado, pero también muy del barrio, como La 25, Viejas Locas. Viejas Locas me marcó la adolescencia. De hecho me sabía un popurrí con 7 temas, que en todas las juntadas sonaba".

"También me pasó que soy zurda. Me iba de campamento y me quería re matar, porque no podía tocar. Entonces, fui captando de otras personas, y empecé a tocar con la guitarra invertida. Por eso también me costó adaptarme a la Escuela de Música porque se me dio vuelta todo, nuevamente. Asique aprendí a tocar la guitarra así, mal jajaja"

"Asi fueron saliendo las primeras canciones. Y con un proyecto que hicimos con unas amigas y mi prima, que con ella somos fieles compañeras desde chicas, que se llamaba Sucia Adicción. Donde hacíamos varios covers, y esos primeros temas que compuse. No sé si habremos tocado más de dos veces en público. Eso fue entre los 15 y los 17 más o menos, ya que a los 15 me regalaron mi primera guitarra, una Antigua Casa Nuñez. Que sí era para zurda (menos mal)".




 Vida Música

"Yo me considero cantora. Cantora porque tengo esa raíz. De haber aprendido cantando en el fogón, con mís tíos, que son cantores pero no tienen ningún conocimiento teórico de la música. Yo me siento cantora por esas raíces, que tienen que ver con el folclore, la milonga. Y me considero eso también por el hecho de que no sé tocar mucho los instrumentos. Yo los hago sonar nomas. Te puedo hacer una compañía y que se yo, pero tirame un maj7 al cuadrado y yo quedo de cara. No me siento cantante porque academicamente estoy aprendiendo, y mi raíz es de cantora"

"Antes no estaba esa posibilidad de estudiar. Yo tuve ese privilegio, de tener una guitarra a los 15. Y en mi familia no se daba eso, siempre fuimos humildes".

"A mi muchas veces me pasa que me presentan como rapera, y yo digo ´  pará, pará, pará, yo no soy rapera´  . Rapera creo yo que es alguien que vive hip-hop, yo no vivo hip-hop, yo vivo música. Me encataría igual, he ido a Festivales de Hip-hop y te levantás escuchando hip-hop, beat-box, bailando. La gente que vive hip-hop, que es mucha, tiene todo el poder y la resistencia. Y eso es lo que yo absorvo del hip-hop, la resistencia, la fuerza al cantar; es una métrica que me encanta combinar, me gusta mucho utilizar la poesía y el juego de palabras.”

Mi objetivo final es el mensaje, y no que una canción suene bonita. Que también es importante, pero que se escuche un mensaje y que alguien se sienta identificado es mucho más valioso. Me importa eso, que es nuestro objetivo: transimitir el mensaje de conciencia y de que, por más que haya caos en el mundo, nos podemos unificar para cambiar la realidad. Por más que las canciones suenen bonitas, sí no tiramos un mensaje conciente, ¿para qué estamos haciendo música?

Tras de escena

A los 19 me incorporé a Sinsemina y ahí empecé a curtir lo de tocar en escenarios gigaantes, a tocar con muchas bandas que ya traían una trayectoria reconocida, despliegues grandes, giras a Buenos Aires; muchas sorpresas, muchas cosas nuevas. Y yo que era re piba y venía toda re humilde, para mí era ´guaaauu´. Agradecer por todo eso”.

Ahí estuve 6 años, hasta que sentí que era hora de abrir mi camino. No sentía que podía abrir mis cualidades, estaba limitada a una función especifica, y yo quería explayarme, necesitaba buscar otro camino

Tenía miedo igual. Miedo a dejar esa banda, y que desapareciera todo, verme en la nada. Porque en ese momento Sinsemina tenía mucha repercusión. Llenábamos lugar donde íbamos. Yo no sé cuántos autógrafos llegué a firmar, una locura, no podía creerlo. Entonces, tenía miedo a perder todo eso. Pero, por otro lado, no sentía que era mi lugar.

Camino al andar

"Hasta que me decidí, y salí con mis pocos temas y pistas. Y ya al año, me fuí con mi hijita de gira a la cordillera, las dos. Haya tenemos amigos en San Martín, Bariloche, El Bolsón; entonces armé esa gira, y nos fuimos con Luna, que en ese momento tenía 4 años". 

"Me pincharon, me empujaron para que vaya. Confiando siempre en lo que hacía. Y en ese momento, estábamos como resurgiendo las pibas en el hip-hop y en el ambiente de la música en general. Entonces amigas raperas de allá, eran las que me incentivaron. De hecho en ese viaje conocí a mas pibas; una de ellas, de 14 años, hija de un Lonko, me invitó para hacer algo juntas; una rapera increíble. Con ella hicimos un tema, que con lo que recaude de la presentación del disco, quiero ir a grabarlo".





Aprendizaje eterno


"Todos los días, en todo momento, y de todas las personas aprendemos. Creo que si una persona dice  ´lo sé todo´ está mintiendo. Todo el tiempo estamos aprendiendo, por eso somos “eternos aprendices”. Hasta cuando sos grande seguís aprendiendo: de los niños, de los adultos, de las vivencias. Por eso sentí que el título del disco tenía que ir por ahí, para reafirmar que siempre estamos aprendiendo. Y aceptar el aprendizaje". 

“Fue un proceso bastante largo el del disco. Primero, empezó con la iniciativa de un compa de Bariloche que se ofreció a grabarme. Asi que en un viaje que hice, hace casi tres años, estuvimos dos semana grabándolo en un estudio muy casero. Al tiempo, me escribe diciendo que perdió el material y quedó todo medio en la nebulosa. Fue un bajón, pero yo seguí haciendo música”. 

“Yo tengo una gran amistad con Lucio Jara, que tocábamos en Sinsemina, y siempre curtimos una compañía re copada porque eramos los mas chicos de la banda. Y cuando pasa toda esta cuestión, él se ofrece a producirme el disco. Un gesto muy copado. Entonces fuimos grabando de a poco en su estudio Limay Records. Llevó su tiempo, casi dos años, porque nos tuvimos que acomodar, desde la autogestión, con todas las obligaciones diarias. Fue adaptarnos a la disponibilidad que teníamos cada uno”.

En este proceso de que estuve yendo y viniendo, se fueron consolidando trabajos que estaba haciendo con otros proyectos. Lo que en un momento eran combinaciones, ahora me solidifiqué tanto en Papel Glasé como en Tapera Espacial -que junto a RevolucionArTeam y Pura Ura acompañarán la presentación-. Ya este año me decidí a laburar con ellos. Me afiancé a esa idea de coincidir con personas que van para adelante, que estamos con los mismos objetivos”.

“Las canciones del disco son 7, pero para la presentación del disco tengo un cronograma de 20. Vamos a hacer 3 temas con cada banda. Y además van a ver invitadas especiales. Es un desafío al 100 por ciento”.


*Publicado en Viento Puñal - 21- 11- 019

El sonido que emerge y explota

El epicentro de algo que viene retumbando en las profundidades con el impulso de erupcionar, expandirse hacia el exterior, darse a conocer. Así como el magma, que se crea bajo la superficie terrestre en forma de rocas fundidas y, si no se cristaliza en el fondo, se eleva hacia la corteza y surge desde los volcanes como lava; para mostrarse al universo y seguir su curso. Algo así como diciendo “Hola, acá estoy. Vengo haciendo esto hace millones de años y seguiré así un buen rato. Formando parte del ciclo, reconvirtiéndome”. Qué cosa: periodos geológicos, que nos trascienden y a su vez nos constituyen. Y un poco bastante de esta esencia tiene Magma, un nuevo ensamble de percusión con señas que este miércoles hace su aparición en El Arrimadero de Neuquén.

Fotografías: Facundo Geli

 “Desde el comienzo nos pensamos como esa fuerza que proviene desde el interior, que va para arriba, que revienta y estalla”, dice Guillermo Alarcón Garay cuando tiene que deschavar la idea Magma“Magma fue una propuesta entre tantas que surgieron. Ya desde el primer ensayo empezamos a sentir que era explosivo. Y es un poco lo que queremos representar”. Esta idea fue alimentada con el concepto de núcleo, como epicentro de reunión de los músicos que provienen de distintos rincones del Valle: “Pensá que esto funciona acá en Neuquén, en El Arrimadero, y viene gente de Cinco Saltos, Fiske Menuco, Plottier y así… entonces nuclea las ganas de reunión, y también por eso la idea de Magma, como esa fuerza interior para juntarnos”, aporta Damián “Torito” Soto.

 Si bien comenzaron a ensayar en marzo de este año, la historia viene de hace algunos años con el proyecto Perkation, que fue el primero en la región en estudiar y trabajar la percusión con señas, y del que varios integrantes del actual Magma formaron parte. “Perkation cerró un ciclo, como todo proyecto. Los que seguimos con la manija de armar una cosa nueva, darle una nueva rosca, empezamos a charlar cómo podíamos hacer y en el camino se sumaron todos los que somos ahora”, dice Torito. ´Todos los que son ahora´ es un equipo de fútbol,  11: Juane Mega, en surdo y direcciones; Ricardo Vasquez, en tambor piano, sección de palos y maderas; Pablo Videla, en tambor chico; Ricchi Toro, el campanero; Lucio Jara, en chico, surdo y dirección; Clarisa “Kai” Bustamante, en maracas; Pablo “Parri” Limonao, en djembé y dirección; Joshua Rava, en surdos; Nahuel “Nahue”, en güira; y los mencionados Guillermo y Torito, que ambos tocan congas y dirigen. 

Ese 11 que sale a la cancha esta noche, anda en busca de refuerzos. “Si bien el ensamble está en ruedo, la idea es sumar. El ensamble suena equilibrado con 13, 14 personas, porque es el balance de timbres que queremos que suene. Hoy nos está faltando en los agudos, por ahí con un tambor más de djembé y otro tambor chico, nos dan esos agudos que buscamos; que suenan ahí arriba y te generan esa melodía y ese corte de ritmo que pega”, reflexiona Ricardo. Torito profundiza metiendo teoría: “En el lenguaje se llama  ´´  elementos constructivos del ritmo´  , que son tres: la familia de las semillas al fondo, de un lado los agudos (djembés y chicos) y del otro los graves (surdos, tambor piano). Las semillas marcan la subdivisión, los graves marcan el pulso y los agudos las claves. Entonces, en ese desequilibrio que apuntamos, hoy sólo tenemos un chico y un djembé. A veces nos cierra eso, pero otras no. Por eso estamos en el camino de incorporar nuevos músicos, siempre con la idea de que ya vengan con un recorrido, sean tocadores (de batería o percusión) y que tengan un mínimo conocimiento del lenguaje”. 

Lengua Madre 

El lenguaje de Ritmo con Señas para ensamble de percusión fue una creación de Santiago Vazquez, cuya manifestación se dio con el grupo La Bomba de Tiempo. “Santiago Vazquez crea el lenguaje, después eso se desparrama, llega acá, nosotros lo tomamos y empezamos a laburar con Perkation. Ahora lo profundizamos con Magma. La idea es poner en práctica la improvisación, pero siempre dejando algo compuesto. Por eso se generan plumasllamadas, que son como estructuras madres. Y a partir de ahí vamos creando. Pero netamente trabajamos la improvisación”, sostiene Guillermo.

Fotografías: Facundo Geli

La onda expansiva que generó esta idea de crear un sistema para improvisar (que a priori parecería contradictorio) vino a saciar la sed musical de varios jóvenes que no encontraban en la formación tradicional lo que dicta la experiencia, el pulso milenario de los bordes. “Empezó a darse un fenómeno, yo lo veo como que fue un aporte inmenso a la percusión, como algo super novedoso. Para los que veníamos estudiando lo tradicional, y formándonos en ese plano, esto fue algo distinto”. Guillermo se refiere no sólo a la forma del lenguaje sino (sobre todo) al carácter didáctico, educativo del método. Ricardo explica: “Hay un detalle no menor: Santiago publicó todo esto en un libro. O sea, el sistema tiene forma, y siempre la idea fue transmitir ese lenguaje, expandirlo. Al comienzo del libro, él cuenta cómo ideó el sistema y cuál es su misión. Creo que de a poco se va cumpliendo lo que él proyectó. Un lenguaje que lo fue regando, y un montón de personas lo empezamos a tomar. Se fue dando en ciudades muy diversas, donde van surgiendo grupos. Un caso somos nosotros”. 

 La semilla se ha expandido tanto que, desde aquellos lunes a la tardecita en el barrio de Once -donde comenzó a tocar La Bomba en 2006- hasta las múltiples formas y proyectos que se han diseminado por el país, adquiriendo matices nuevos, rasgos característicos, y que incluso fomentó la creación de la Asociación de Ritmo y Percusión con Señas (ARPS), que este año está llevando a cabo un Campeonato donde participan 18 ensambles de distintos rincones, y otros 16 por fuera de la competencia. Entonces sí, se puede hablar de un fenómeno. A partir de un lenguaje nuevo, pero nada si no se lo mira desde la enseñanza, la transmisión de conocimientos.

  A raíz de esto “Parri” Limonao se anima a aseverar: “Desde la percusión, esto crea un folcklore nuevo argentino”. Todos parecen coincidir, y fundamentan. Algunos de los miembros de Magma dan clases en nivel inicial, primario y secundario de la zona, y utilizan la metodología del lenguaje de señas para percusión como herramientas didácticas para el aprendizaje musical. “También en la escuela de música de Zapala y de Plottier está el lenguaje. Ya es parte de la currícula. Porque hay una parte que es bien didáctica. E incluso hay señas que están en nuestro inconsciente y utilizamos todo el tiempo para la vida cotidiana”, apunta Torito. Pablo completa:“Igual las señas forman parte de la música hace un montón de años. Lo novedoso que hizo Santiago fue juntar un montón de señas y armar un libro, sistematizarlas para armar una historia con un grupo especifico de percusión, de orquestación, de propuesta de timbres e instrumentos; pero las señas se usan hace mil millones de años” exagera, aunque no parezca. “O sea se usa en orquestas, comparsas de samba, de candombe, muchas expresiones hay donde los grupos van generando las señas para organizar, pero no armando un sistema como hizo Santiago Vazquez a partir de La Bomba de Tiempo”.

“Y a su vez también dentro de cada ensamble se van generando los sub-lenguajes que proponen internamente. Además de lo establecido, uno como familia maneja su propio lenguaje, acuerdos, bases para tocar”, resalta Guillermo. Con respecto a las características que componen a Magma es necesario distinguir la diversidad que trae cada integrante. Cuando se le pregunta por "bandas favoritas" (más allá de lo efímero y circunstancial que puede resultar eso) a las esperadas referencias de Jaime Ross, Negro Rada y Fattoruso (Uruguay team) se les cruzan Red Hot Chili Peppers, Snarky Puppy, Faith No More y Mister Bungle. En la diversidad está el ensamble y a partir de eso se componen. Algo que el propio lenguaje permite y propone. "El lenguaje en sí no trabaja directamente un ritmo. Labura la improvisación rítmica. Sí está la cuestión que tiene que ver con la construcción familiar de los ritmos. El funcionamiento nuclea esa sistematización de los ritmos, y cada uno le da su tinte, por ejemplo Guillermo toca muy bien música peruana y cuando hace sus direcciones, si bien el no te dice  ´  tocá un festejo´  , pero ya sus direcciones van para ese lado". 


Un ritual de miércoles

 Siguiendo una tradición que ritualizaban con Perkation, y que ahora continúan con Magma, en la que desde marzo se juntan todos los miércoles para ensayar; ese es el día en el cual una vez por mes (“o quizás dos” se entusiasman) van a abrir las puertas de El Arrimadero para brindar un show en el que pondrán de manifiesto este nuevo proyecto. El lugar no es casual, la intensión tampoco. El Arrimadero, además de funcionar como epicentro de sus ensayos, es un espacio con el despliegue técnico y climatológico que la propuesta requiere. A su vez, cada presentación contará con invitades de diversas manifestaciones artísticas. En esta primera fecha será Revolución Art Team, una colectiva del hiphop integrada por raperas, bailarinas y dj´s que interectuarán al son de los tambores. 

 La proyección del Magma hacia futuro surca las áreas del aprendizaje. “Además de sonar, armar fechas y tocar, nuestra idea es poder conformar un grupo de estudio, como lo hicimos antes. Y que esto siga creciendo, poder desarrollar el lenguaje y crear, seguir creando para generar un laburo en el que podamos sostenernos”. Se plantea una cuestión que tiene que ver con respecto al rol de los músicos y el sentido común que se pone en juego a la hora de valorar las profesiones artísticas.“Me gustaría profesionalizar el proyecto”, suelta Torito, “y aspiramos a que el arte esté en otro lugar. Porque me parece que culturalmente el arte está entre esta cuestión de lo vocacional y lo cultural. Y cuando aparece la cuestión del dinero siempre se tira para lo vocacional: ‘Ah dale, sí vos hacés esto porque te gusta’. Entonces concebimos que todos nosotros somos trabajadores, y algo para lo que trabajamos es, por ejemplo, que el público que venga a nuestro show diga ‘mirá qué prolijo´. Esa es una meta: la prolijidad. En alguna esquinas del arte la prolijidad no se escapa. Pero por ahí en los proyectos de percusión, de murga, de candombe, la prolijidad sí se escapa. Entonces, desde nuestro lugar, tenemos que trabajar para eso. Ese es nuestro deber: tratar de que suene profesional”.

Así es que este miércoles 13 será la primera presentación donde, en forma de latidos, vendrá el Magma desde las profundidades y al canto mántrico de “taka taka/teke teke”, trayendo consigo un sonido explosivo. Suena el Magma. Que suene entonces.


* Publicado en Viento Puñal - 12- 11- 019

martes, 10 de septiembre de 2019

Shaman: En busca de la profecía


Primavera

El bosque como refugio y el refugio como inspiración. Ahí está Shaman Herrera. Sentado en una
gran piedra, guitarra sobre el regazo, amparado por la montaña y los árboles. Más abajo pasa un
río que nace en un lago a unos pocos kilómetros. La luz dorada se mete entre las ramas de una
forma extraña. Está componiendo una melodía y esa melodía se va a convertir en la pieza de inicio
de su próximo disco, El Primero es el Último. Es la primavera de 2017, el Año del Gallo.
Shaman Herrera es una de las figuras claves para entender buena parte de la música que se
compuso en La Plata en los últimos 15 años. Con su canto, su guitarra e innumerables
colaboraciones creó un universo propio. Un grito nuevo, un caos en busca de satori. Primero en La
Plata y ahora desde un bosque del Sur, en un lugar que atraviesa toda la vida del artista
patagónico.

Ese bosque es el lugar que eligieron Shaman y su compañera, Regina, para vivir y criar a su
pequeña hija Govinda. Se instalaron en la primavera del año pasado en una cabaña modesta al pie
del Cerro Pirque, a unos 3 kilómetros del pueblo Epuyén.

En la historia de por qué eligieron ese lugar hay una serie de conexiones que titilan en el tiempo.
Lucas Chiappe, un fotógrafo ecologista amigo de sus padres llegó a esa región en los ‘70 para
llevar una vida alejada de la ciudad. Desde entonces fue un destino recurrente para la familia
Herrera, un lugar que Shaman conoce desde chico.

En una búsqueda parecida a la de aquel fotógrafo está ahora Shaman. “Me siento muy conectado
con esta forma de vivir; no siento tanta presión. Hay una cuestión que tiene que ver con la ciudad,
cuando estás inmiscuido en tantos proyectos, que te puede potenciar pero que a veces te aplaca.
En Epuyén estoy más relajado. Busco una conexión, tratar de expresar lo que está pasando ahí”,
dice. La nueva vida implica bajar algunos cambios y experimentar nuevas tareas: desde hachar
leña, trabajar la huerta y juntar hongos hasta meterse en el bosque para componer y subir al
altillo para grabar.

Otros cofrades también vivieron la experiencia de ir a vivir a esa zona del mundo. Pipo Lernoud
vivió en el mismo sitio donde hoy está Shaman; y Miguel Cantilo, Kubero Diaz y Jorge Pinchevsky
se instalaron unas temporadas en Las Golondrinas, bastante cerca de Epuyén, a comienzos de los
´70. Pinchevsky entendió lo que quisieron decir Los Beatles en “Strawberry fields forever” cuando
estuvo viviendo ahí. “En primavera no podíamos caminar sin pisar las frutas”, decía Jorge. A
Shaman le pasa lo mismo. Donde está su casa hay moras y frutillas silvestres por todos lados,
además de las plantas de frambuesa que él plantó y de los frutales de peras, guindas y manzanas
que ya había en el lugar. También hicieron una huerta que tiene tomates, lechuga, bastante
acelga, brócolis y hasta un poco de maíz.

En medio de ese paisaje está Shaman, un hombre que construyó su carrera musical muy lejos de
ahí, pero que de alguna manera siempre tuvo presente. Las canciones, que ahora compone
mientras juega con su hija o internándose en el bosque.
El eterno retorno es una idea que late en su obra y en su vida. Instalado en el sur, Shaman siempre
vuelve a la ciudad.

Verano

Comienza el 2001 y el último plan que se le pasa por la cabeza a Shaman es formar una banda.
Acaba de dejar Comodoro Rivadavia, su ciudad de nacimiento y crianza, para viajar a La Plata a
estudiar cine.

Los primeros años fueron de vagabundeo. De conocer y explorar. Con su amigo Martín “El Nene”
Schneider, con quien en Comodoro tenían la banda Delikatessen, pateaban la ciudad;
frecuentaban mucho la zona de La Placita y se perdían por cualquier diagonal. Las diagonales, para
los recién llegados, son como agujeros negros: te pueden dejar muy bien o te puede hacer
terminar en cualquier lado, pero la sensación de estar perdido es inevitable.

“Pero con la música nunca corté”, dice. Al poco tiempo de llegar, en 2003 arma su primera banda
en La Plata: Menashatrua, con Tulio Simeoni en batería, Esteban Negri en teclados y él en bajo y
voz. “Ahí empecé a conocer a gente que aún sigue tocando. Ahí conocí a los El Mató, a Sr. Tomate,
a Prietto… todos nos cruzamos más o menos ahí”, cuenta. Con ellos, mientras cultivaban una
amistad, formaron bandas que hicieron que La Plata sea una de las escenas más efervescentes de
la cultura rock de los últimos años. En esa comunión, la búsqueda artística de Shaman fue
fundamental.

“No hubo un plan -asegura-. Ninguno arrancó esto pensando en algo que pudiera perdurar.
Fuimos encontrándonos con lo que venía. Todos los proyectos surgieron ayudándonos entre
nosotros para poder hacer las cosas. Pasó Cromañón y no había lugares para tocar. Entonces
alguno ponía la casa y tocábamos ahí”.

De ese caldo de cultivo salieron nombres claves. Poli, por ejemplo. “La conocí justo antes de que
forme Sr. Tomate, cuando estaba en Círculo de Medianoche”. O Chango. “A El Mató los conocí en
una fecha que fui a ver a la banda que tenían en ese momento Werner Schneider y Tomás Vilche,
El Tío Pastaflora; después tocaron ellos y me impactaron”. Y Maxi Prietto, entonces subido a
Prietto Viaja al Cosmos con Mariano. “Un amigazo”, lo define.

Todo surgió de encuentros en torno a la música, de compartir fechas y conocimientos para
producir. Poco a poco, Shaman fue perdiendo interés en el cine y comenzó a estudiar sonido con
la idea de grabar bandas. “Era todo medio caro en esa época: ir a grabar un disco era caro, pagar
las horas de mezcla era caro. Entonces queríamos abaratar costos: yo aprendo esto, vos aprendés
lo otro, y entre los dos hacemos algo”, recuerda.



Así se fueron gestando los vínculos y a partir de su experiencia e interés se convirtió entonces en
un actor central en el trabajo con el sonido de otras bandas. Produjo la trilogía de El Mató:
Navidad de Reserva, Un millón de Euros y Día de los Muertos. Participó y también produjo a La
Patrulla Espacial, la banda de sus amigos comodorenses Tulio Simeoni, Tomás Vilche, Werner
Schneider y Lucas Borthiry. Se sumó a Sr. Tomate y colaboró con Güacho, el trío tolosano de hard
blues. La lista de proyectos en los que sumó su aporte es interminable.

El disco en conjunto Elesplit que grabaron en 2009 es una demostración acabada de ese espíritu
colaborativo y fraternal. “Un fin de semana nos juntamos un grupo de amigos, nos amuchamos en
busca de nuevos sonidos para pasar el rato y entre Sr.Tomate , Shaman y Los Hombres en Llamas y
Prietto viaja al cosmos con Mariano, sembramos ELESPLIT”, reza el prólogo del álbum.

Con Maxi Prietto además de una amistad construyeron prolíficos cancioneros y mil proyectos.
Cada uno por su lado, pero generando un vínculo que se retroalimentó desde aquella época de
surgimiento, cuando se conocieron de casualidad subiéndose al mismo bondi. Fue a la salida de
una clase de Sonido, a unas cuadras del cementerio de la Chacarita. “Nos tomamos el mismo
bondi y nos pusimos a charlar e intercambiamos grabaciones ´¡Guau, este pibe!’ dije. Flasheé”.
Cuando se encontraron, tanto Prietto como Shaman estaban comenzando a pergeñar sus bandas
más disruptivas: Shaman y los Hombres en Llamas y Prietto Viaja al Cosmos con Mariano. “Esa fue
la primera vez que pensé que algo que yo hacía realmente le podía gustar a otro”, dice el
guitarrista y cantante de Los Espíritus sobre ese encuentro. A partir de entonces fueron muchos
los viajes que hizo hasta la casa de Shaman en el barrio Mondongo de La Plata para juntarse a
zapar, grabar, producir. De allí surgió por ejemplo, Varios Artistas Volumen 1, donde junto a
Werner Schneider mostraron los climas experimentales y psicodélicos de esas reuniones.
Fue casi por decantación que Shaman terminó haciéndose cargo de los primeros registros de
Prietto Viaja al Cosmos con Mariano. En una crónica escrita en noviembre de 2005, el propio
Prietto recuerda una de esas jornadas: “Hoy partimos con Marian a La Plata a grabar a un estudio.
Cargamos la batería, el ampli y otras cosas en La Gorda (la camionetita) y fuimos bajo un día
calurosamente espectacular. Por la autopista escuchando Jonathan Richman and the Modern
Lovers me sentía en los cincuenta, en una ruta estadounidense. El vientito entraba por la ventana
y estuvo re bueno. Estuvimos varias horas transpirando en ese lugar. Después nos volvimos de lo
del Shaman y vimos la noche hacerse ahí en la ruta… ahora me siento que viví muchos días en
uno”.

A los pocos días, el sábado 3 de diciembre de 2005, en el patio de la casa de Tulio Simeoni, zona
sur del cuadrado platense, tocan Prietto Viaja al Cosmos con Mariano y Menashatrua. Una
combinación entre Shaman y Prietto que se va a repetir infinidad de veces en los escenarios de La
Plata y Buenos Aires, también junto a un montón de bandas amigas.


Otoño

Casi 13 años después, en esa misma casa, también está sonando Prietto Viaja al Cosmos con
Mariano. Es el disco doble del 2011 Le Prièt VAHA​-​CHOSMOS E​-​BA CON MAOURIAN​!​!​!. Cuando suena “El Monstruo”, Shaman abre una tangente sobre algo que está contando y afirma
vociferando, extendiendo una mano al aire como para que se le preste atención a lo que suena:
“Una de las mejores canciones que se han compuesto”.

Shaman está de visita en La Plata. Vino a tocar, a grabar y a producir. Desde que partió a Epuyén
ese fue el plan: venir dos o tres veces al año para tocar con sus amigos, presentar las canciones de
sus proyectos, grabar algunas cosas y producir otras. Es junio y es la segunda vez que viene este
año. La primera fue en marzo para presentar “Govinda”, adelanto y última canción de El Primero
es el Último. La próxima vez que venga será para la presentación del disco y será en octubre. Pero
en esta oportunidad viene sobre todo para hacer “Shaman y El Fuego”: cuatro presentaciones en
cuatro noches en cuatro ciudades distintas; grabación de nuevas canciones en Buenos Aires;
producción en Bernal; entrevistas y sesión de fotos.

“El Fuego” surgió con la idea de desempolvar las canciones de Los Hombres en Llamas que
Shaman había dejado de tocar, perdido en el universo de otro proyecto, Los Pilares de la
Creación. Pero con una vuelta de rosca; de la Big Band que supieron ser Los Hombres en Llamas al
formato trío de El Fuego con el condimento especial de la tuba aportando en los bajos, además de
la batería de Tulio Simeoni y guitarra acústica (ocasionalmente bajo eléctrico) y canto de Shaman.
El nuevo proyecto tomó envión y están ensayando por primera vez canciones nuevas, exclusivas
para esta formación. Son las canciones que Shaman compuso allá en el bosque, debajo de un
ciprés, con la respiración helada de la montaña y el sonido del río pasando cerca.

Los Hombres en Llamas también empezaron siendo un trío. “A mí las bandas siempre se me van de
las manos cuando empiezo a pensar en las canciones en que quiero más cosas: acá quiero unos
caños, entonces invito a los caños, y vienen y tocan y ‘che está re bueno’, y así fue que
terminamos siendo nueve en la banda”, dice.



Diadema es el nombre del primer trabajo de Los Hombres en Llamas. Salido en 2006, lleva el
nombre del barrio petrolero donde Shaman vivió su infancia. Después vino Respiran Humo, en
2008, también en formato trío. Para En el Mundo del Fuego, Shaman ya empieza a incorporar a
músicos que brindan otros matices a una obra conceptual que quedó amputada “por algunos
temas que no estaban a la altura del todo”, admite. En el disco del 2011, el conocido
popularmente como el plateado, se nota una banda consolidada y un laburo de producción –en
colaboración con Daniel Melero- que brinda una obra elevada. “En el Mundo del Fuego es más
literal, el plateado va hacia algo más profundo, está contando algo de adentro”, afirma.

En 2013 formó Los Pilares de la Creación. Allí, Shaman se junta con Alejandro Bertora, Eduardo
Morote y Adrián Conti. Hay otro anclaje, otra perspectiva, en formato de rock clásico de guitarra,
bajo, batería, teclados más algunos aportes de mandolina. Pero los proyectos de Shaman parecen
estar destinados a fluir en una dinámica de búsqueda.

La obra de Los Pilares, también, fue elevándose, mutando, cambiando la piel. Con un primer disco
homónimo de 2013, donde hay algunas canciones viejas revisitadas en este formato junto con
otras pensadas exclusivamente para Los Pilares; luego vino Quimera, una obra para la banda
sonora de la película Arriba quemando el sol (2014, de Luisina Anderson y Roberto Bernasconi); en 2015 Sueño Real, producido por el mexicano Neto García. “Es un disco más industrial, es el disco que mejor suena, pero el que menos mío siento”, admite Shaman. Ahora, El Primero es el Último.

Y lo que vendrá: las nuevas canciones de El Fuego, que están tomando forma en la sala de ensayo
de la casa de Tulio. Es un cuartito que da a la calle, separado de la casa. Algunas frazadas tapan lo
que parece ser una cortina metálica en lo que parece haber funcionado como garaje o almacén. En
una de las paredes cuelga un afiche de una presentación de Shaman y El Fuego junto con Fútbol y,
más arriba, hay un grafitti que dice “Tu Hermana”, el nombre de la banda en la que toca la
compañera de Shaman, Regina Uribe. Sobre el marco de una ventana está el librito del potente y
volador primer EP de La Patrulla Espacial, Boggie en la Luna, cuya tapa es de Santiago Barrionuevo
y que Shaman mezcló y produjo.

Aunque en la sala entran bastante apretados, las noches ya comienzan a estar frías y se siente.
“¿Si hacemos un fuego?”, propone Tulio y tanto puede estar hablando de una fogata como de lo
que sale cuando hacen música juntos. Con unos sutiles toques de batería que, en algunas
canciones, se van transformando en intensos y machacantes (al estilo Hombres en Llamas), con los
armónicos de la tuba que galopa como un corazón fuerte y sediento, y el Shaman como
comandante del hechizo. A veces se calza el bajo, en otras la guitarra. Así van definiendo las
canciones que al otro día grabarán y que saldrán a la luz en algún momento del año que viene.
Una de las canciones habla de una persona que vive en la calle. La intemperie lo castiga hasta que
una niña “sin miedo” le ofrece comida, lo rescata, le da refugio. “Solo no voy a estar nunca más”,
jura, a través de la voz de Shaman. Otra, de hermosa melodía e imaginario luminoso, dice:
“Pensamos en vivir de la mañana/ absorbiendo el primer rayo de sol / Hoy aquí es eterno y la veo
crecer/ sembrando las semillas del adiós / Es que aquí, lo siento, podré querer / creando otro
camino al volver”.

Invierno

Cuando se despierta el sol aún no ha salido. Es la hora en la que el frío pega con más intensidad. La
cabaña le da refugio. Del otro lado de la ventana empiezan a distinguirse pitras, cipreses y radales
que, cubiertos por un manto blanco, descienden hacia el río y se cortan sólo por el hilo de agua,
para continuar del otro lado. Vivir al pie de una montaña, en plena cordillera, no es tarea fácil y el
entrado invierno obliga a meterle leña a la salamandra.

“Me levanto a las cinco y media de la mañana. Tengo que prender fuego para cuando se levanten
las chicas; para que esté calentito”, cuenta Shaman. Para llegar hasta su hogar hay que cruzar una
pasarela que atraviesa el río y seguir caminando por la ladera de la montaña, entre el bosque,
hasta un risco. Ahí está su casa y en su casa, El Observatorio, el estudio-altillo con vista al valle de
Epuyén: “Arriba tengo un altillo, que al tener el techo muy bajo solo entro agachado; me siento y
no me puedo estirar hacia arriba. Pero estoy ahí. Es como una nave espacial chiquitita”, dice.
Desde ahí la vista es superior y los sonidos de lo nuevo alcanzan la mixtura necesaria.



Desde el año pasado, que emigró hacia el sur con las grabaciones abajo del brazo, Shaman estuvo
trabajando en El Observatorio sobre la mezcla de El Primero es el Último, el disco que salió en julio
pasado y que muestra nuevos matices de la banda, donde se incorpora piano de la mano de Julián
Rossini y tuba a cargo de Pablo Girardín, además de una orquesta de cello, violín, viola, trombón y
clarinete que crea una atmósfera de encanto, seducción y misterio, como cuando Alicia persigue al
conejo blanco.

La incorporación de la tuba a Los Pilares de la Creación habla de esa sed creativa y experimental de
Shaman. Imaginar, probar, indagar y jugar: “Me hice amigo de Pablo y un día lo invité a un ensayo
de Los Pilares. Empezamos a zapar, yo tiré unas ideas, porque quería hacer un tema de Luzmila
Carpio en quechua, lo hicimos y fue saliendo. Siguió yendo a los ensayos y así, de forma natural, se
fue incorporando. Cuando pudimos hacer coexistir y ver cuál iba a ser la manera, ya empezamos a
pensar los temas con esa impronta de complementación entre el bajo y la tuba -explica-. Son dos
instrumentos muy graves y en las grabaciones se pone complejo porque necesitan mucho espacio.
Había que hacerlos combinar para que entre los dos hagan una sola línea de bajo”.

La incorporación de Rossini al piano le permitió al Shaman concentrarse en potenciar el canto y no
estar tan pendiente de la guitarra. Además, fue el encargado de traducir y llevar a la práctica las
ideas de Shaman con respecto a la orquestación.

“Podría ser el último o podría ser el primero. La idea de pensar mi propio arte en un sentido de
transmutación. De pensar en el infinito, en el eterno retorno, en el no-tiempo, en dónde arranca
algo y dónde termina; y sí eso es el final o en realidad el principio de otra cosa", explica.

Y otra vez primavera

El Alero del Shaman es un sitio arqueológico ubicado en el Parque Nacional Los Alerces. En las
paredes de piedra de una especie de cueva hay pinturas rupestres hechas por una comunidad
hace aproximadamente 3 mil años. El Alero está a orillas de un río. El refugio y el agua son
indispensables para sobrevivir y en el caso de Shaman también para hacer arte.

El bosque cruzó toda la vida de Shaman. Cuando era chico, con sus padres y hermanos. De
adolescente, con su compañera. “Con Regi nuestros viajes de pareja siempre eran de mochileros al
Parque Los Alerces, el Bolsón, Epuyén...”, recuerda. “Tengo los mejores recuerdos de ese lugar.
Siempre me marcó. Siempre fue una historia muy recurrente que yo contaba: ´no, no sabés en
Epuyén, esta gente que vive ahí no sabes el lugar donde están: el mejor lugar del mundo´”.

Por esa misma ruta 40, que conecta los pueblos de La Comarca, en dirección sur unos 200
kilómetros hay un cartel que marca el desvío hacia la Aldea Shaman, un paraje abandonado donde
hace varios años funcionó una escuela rural. Ese es el sitio de donde la pareja Herrera, en un viaje
a fines de los ’70, tomó prestado el nombre para llamar a su hijo.

“Cuando tenés un hijo crees en dios”, dice Shaman, “a mí me pasó eso: ´ahh dios existe. Mirá lo
que puede salir del amor’. Pero es un dios que no está representado en ninguna figura. Si creo en
una energía que une a todas las cosas y a todas las personas”. La canción dedicada a su hija, que
cierra El Primero es el Último, habla de ese sentir y del destino que hoy eligen. “Cuando nació
Govinda, ahí como que todo se potenció. Entonces como que fue muy natural la elección del lugar.
Como que era ese”, dice.

Siguiendo rumbo sur la ruta 40 empalma con la 26, que atraviesa la meseta, el desierto, el viento y
culmina (o empieza) en Comodoro Rivadavia. “Mi identidad se formó a partir de mi lugar de
origen. ´Yo soy esto porque vengo de acá´, bueno hablemos de eso. O sea no ´hablemos de eso’,
sino que me sirve de inspiración. Situar lo que imagino, cada canción viene del imaginario y las
imágenes son esos lugares. Es un lugar que lo siento muy profundo”, dice.

Todo este trayecto de caminos atraviesa la vida de Shaman Herrera y sus canciones son ese círculo
que traza con su andar sereno, con la guitarra en el regazo, debajo de algún árbol o sobre un
escenario, para sacar la voz, la hipnótica voz de juglar patagónico y contar de dónde viene y hacia
dónde va. “Siempre voy un poco en busca de la profecía en la canción. Ahora que estoy viviendo
en Epuyén me di cuenta que mis canciones hablan de lo que me pasaba cuando iba a ese lugar.
Todas y cada una de mis canciones, desde un plano muy profundo, siempre me hablaron de ese
lugar”.-

Fotos: Luciana Demichelis


el primero es el último

Shaman: En busca de la profecía

Primavera El bosque como refugio y el refugio como inspiración. Ahí está Shaman Herrera. Sentado en una gran piedra, guitarra so...