En un rincón, al fondo del predio de Cooperativa La Estrella, en Cinco Saltos, se encuentra la guarida de Darlas. Allí pasan infinidad de horas enfocados en su proyecto musical.
Hace pocos días en ese gran predio se realizó una Feria de Economía Popular, con algunos espectáculos, y todavía está montado el escenario bajo un tinglado del fondo. Los Darlas imaginan en algún momento poder realizar un festival ahí mismo; un evento de cierta magnitud que pueda unificar diversas expresiones de lo que está sucediendo en el Valle. En esa idea, ese proyecto, ese sueño se condensa el lineamiento artístico de Darlas, una banda que labura sus ideas desde los detalles y promueve la importancia de la escena por sobre las aspiraciones individuales de cada grupo.
Por el momento, recientemente han celebrado su aniversario número seis en uno de los salones que rodean ese “gran patio” de la Cooperativa. La idea del festival al aire libre es algo más grande, que implicaría direccionar el gran caudal de múltiples intenciones y propuestas artísticas que ofrece el Valle. Por ahora lo imaginan, sentados en el pequeño escenario que quedó de la Feria, a unos pocos metros de su guarida. “Tal vez, cuando pase el frío podamos diagramar algo”, suelta Juli, el encargado de las guitarras, voces y sintetizadores. Poll, el dueño de los bajos, le arrima un mate y ambos se quedan mirando hacia la otra punta del predio.

Foto Mariano Manizzi
Hace unos minutos terminaron de ensayar y salieron de la guarida, ese espacio que antes funcionaba como cocina y depósito pero que desde hace cinco años lo utilizan para ensayar, grabar, inspirarse y un largo etcétera que ha transformado el lugar en su segundo hogar. “Nos gusta pasar mucho tiempo en el estudio. Nos dimos cuenta que nos gusta el ensayo, la creación. El primer año estuvimos ensayando todos los domingos en el quincho de mi casa, hasta que los vecinos nos empezaron a tirar botellazos”, dice riendo Ani, el baterista. “Creemos que de ahí salen las cosas, no nos gusta ser improvisados. Trabajamos desde el primer detalle hasta el último. Eso nos fue llevando a una dinámica de laburo donde empezamos a dividir roles y a asumir responsabilidades profesionalmente. Pareciera que teniendo una buena base lo demás empieza a darse solo, pero en realidad eso se construye dia a dia, minuto a minuto y nosotros pasamos muchas horas en ese Estudio”.
El estudio de Darlas da cuenta que son un grupo que está en los detalles. Al entrar te invade un perfume, no de incienso sino más bien de aromatizador artificial, una fragancia frutal. En un sector de la sala, prolijamente estructurado, hay un gran escritorio con una gran pantalla, cpu, parlantes y consolas, custodiados por un aire acondicionado; en el sector opuesto los instrumentos, también prolijamente acomodados, sobre alfombras; en los pies de micrófonos y en los fierros de la batería se entrelazan flores de plástico; en las paredes laterales cuelgan luces led de colores, que se prenden y se apagan. Es un ambiente que remite a Stranger things, pero en la nave de 2001: Una odisea en el espacio. En fin, Darlas es una banda que está en los detalles. Se nota, y tan es así que en ese momento -un receso del ensayo- se fijan qué ropa van a vestir en el show que compartirán, por esos días, con Bandalos Chinos. Se van pasando un celular donde les mandaron imagenes de camperas y camisetas, cortesía de una gente amiga que recicla y vende ropa vintage, y que ellos lucen en los recitales. Todo en concordancia con su propuesta musical, un estilo indie pop sin tapujos.
Toda esa atmósfera que plantean en su estudio, en el día a día, también la reflejan en sus recitales. Dice Ani: “No sólo nos la pasamos ensayando y produciendo, sino también captando. Tratamos de estar lo más lúcidos posible para volcarlo tanto en una producción como en el escenario. Nuestras puestas son muy planificadas, las adornamos con flores, con leds, nos empilchamos de una cierta manera, toda una estética. Está todo planeado y muy desarrollado a conciencia”.
LA ESCENA ESTÁ SERVIDA
Además de a los detalles, le dan mucha importancia al contacto con otros artistas y al estar atentos a lo que pueden aprender de cada uno. “Tratamos de compartir mucho con nuestros colegas, con gente del ambiente. Todas esas relaciones nos vinculan, nos hacen crecer. Por ahí conectamos con alguna persona que nos hace ver algún punto interesante y nos decimos ‘ah mirá esto no lo sabíamos’ y comenzamos a trabajar con más ganas”, dice Juli y en ese momento surge el ejemplo de un sello cordobés, Discos del Bosque, que aglutina muchas bandas de esa escena independiente de la cual aprendieron mucho.
En esa oportunidad realizaron una gira por Córdoba y Rosario a bordo de una camioneta, que recientemente habían adquirido; contando con tan mala suerte que se les rompió antes de llegar a la ciudad santafesina. Realizaron la gira planificada, pero la camioneta y varios instrumentos tuvieron que quedarse en un taller mecánico de Rosario. Ellos volvieron en colectivo casi con lo puesto. Otro detalle que define a Darlas: pueden captar la experiencia haciendo de las dificultades posibles beneficios: la camioneta estuvo un año en ese taller mecánico, hasta que pudieron regresar a buscarla, pero aprovecharon el viaje para realizar una segunda gira. Esta vez volvieron con todo.
En esos viajes, vieron y adquirieron una forma de trabajar que intentan llevar a cabo en la zona. “Lo que compartimos con la escena indie es que se puede (y se está logrando) hacer muchas cosas autogestivas. Por ejemplo, la gente de Córdoba arrancó con un sello y a partir de ahí se dió una unión y crecimiento. Nosotros acá también estamos intentando ese camino, hay muchas redes masivas y hay que aprovecharlas”, aporta Ani. Juli completa: “Creo que desde momento algo hizo clic y cambió la manera de ver las cosas. Dijimos ‘che tenemos que laburar de otra manera’, un poco más en conjunto, no laburar sólo nuestro crecimiento sino el de toda una escena, el de otras bandas. Todo lo que uno se va cruzando en el camino te hacen dar ganas de generar una transformación más grande”.
En estas latitudes han organizado el Valle Sónico, un ciclo de música independiente e itinerante que ha recorrido diversos escenarios de la zona. Una propuesta encarada desde la autogestión en conjunto con otras bandas (Delta Calibre, Niño Kamikaze, Papeles, entre varias más) y que ha desarrollado esa idea de “la unión hace la fuerza”, generando una escena activa. “Es un ciclo que nace no sólo con la idea de compartir el tocar con otras bandas, sino también para juntarnos a charlar cosas extramusicales. Siempre tratamos de reunirnos, ver en qué situación está cada uno, ver qué necesita otra banda; siempre tratamos de mantener ese lazo y eso también nos ha hecho crecer no sólo desde lo musical sino también con otros agentes de la cultura que son muy importantes para una escena”.
Foto Mariano Manizzi
“PUEDO VER Y DECIR Y SENTIR: ALGO HA CAMBIADO”
Darlas a lo largo de sus 6 años de vida ha sido un quinteto, también cuarteto y hoy día es un trío. “Para llegar a que hoy estemos acá nosotros tres también sucedió que hayan pasado más integrantes que dejaron su impronta en lo que somos hoy. Pero también tuvimos que plantear esta situación actual y activarla desde el trío, modificar roles y pensar la propuesta de las canciones de otra manera”, dice Poll.
Hay algo especial en la conformación del grupo. Cada uno de los tres integrantes está pisando una década distinta en edad. Ya sea empezando una o finalizando otra, los Darlas se llevan alrededor de 10 años cada uno. O sea, entre el mayor y el menor hay, más o menos, una diferencia de 20 años. Un detalle intrascendente, sí; pero eso es lo especial: que de eso no hacen una diferencia, sino una potencialidad.
Comentan que cuando empezaron hacían covers, marcados por influencias comunes, a pesar de la diferencia de edad. Ani narra que se llevó una gran sorpresa cuando Poll le presentó a Juli: “Con Poll veníamos pensando unos proyectos medios inconclusos porque ensayábamos una vez a las quinientas, y un día me dijo ‘conozco a unos chicos´´ (por Juli y su hermano, que toca el teclado); entonces cayeron y empezaron a pelar Spinetta, Charly, Fito. Tenían 14, 15 años y yo decía:´ ´¡Qué bueno estos chabones! ¿de a dónde los sacaste?´ ”, cuenta con admiración. “Entonces quedamos muy unidos con el tema de las influencias. Por ejemplo, que el Juli curta lo mismo que Poll y yo era algo que nos maravillaba. Pero de todas maneras no son sólo las influencias -que pueden ser un elemento unificador atemporal-, sino también la época que vive cada uno. Nosotros, este trío tiene tres generaciones muy marcadas. En la adolescencia es donde uno va con las antenas receptivas más atentas, y mi adolescencia fue en los 90´s, Poll en la primera década del 2000, y Juli, bueno... sigue siendo un adolescente prácticamente, es el terror de la humanidad”, dice abriendo los ojos y todos estallan de risa.
Juli vuelve sobre el tema: “Las canciones de los años 80´s nos marcaron mucho. Fito, Charly, canciones que tienen un poco que ver con la historia de cada uno, y que están casi en el ADN. Y si bien hoy principalmente escuchamos otra música, eso siempre está. Llegó un momento, como todo, que uno siente la curiosidad de explorar su costado creativo y lo que más nos atravesaba era la sed de hacer música nuestra”.
A partir de allí comenzaron a componer, a construir su identidad, como una banda de rock basada principalmente en el sonido pop y un posicionamiento indie. “Está bueno que se rompan ciertas estructuras, sobre todo musicales. El rock, en un momento era muy cerrado, solo abarcaba cosas como el punk, el heavy y hasta ahí. Pero ahora esto que decimos nosotros que nos reconocemos dentro de lo independiente, de lo indie, es mucho más amplio su espectro, porque no sólo abarca lo musical sino también cómo encarar el trabajo, cómo ir compartiendo con sus pares artistas; y a partir de eso te va dejando enseñanzas mucho más nutridas”, apunta Ani como consecuencia del carácter de su posición filosófica.
LA ENERGÍA DEL RITMO
En estos días están por presentar su tercer disco, titulado Entre los dos. El primero con la formación de trío. Un disco que produjeron y grabaron durante el verano, en Cipoletti, cuando coparon la casa deshabitada que una amiga del grupo tenía en venta. Allí se convocaron, convivieron durante una semana; desarrollaron las canciones y grabaron. Ese clima les permitió generar un lazo compositivo que floreció en esto de reestructurar la banda y encontrar nuevos roles y matices. Luego afinaron detalles y algunas grabaciones extras en su estudio, esa guarida retro-futurista de Cinco Saltos.
Para la tapa convocaron a una artista, Kari Sanhueza, que conocieron en un evento: “Nos fascinó como pintaba en un show en vivo, y le propusimos para que haga la tapa”. En ella se ve la “aventurera” camioneta de la banda abierta y desbordada por un frondoso universo de ramas y flores.
Para la presentación, que harán a dos funciones en el teatro Arrimadero de Neuquén, buscan generar algo distinto a lo que vienen haciendo. Con músicos invitados y otras sorpresas en el plano escénico y conceptual.
Si bien hay una cuota extra en la energía que proponen arriba del escenario, Darlas es una banda que pareciera funcionar las 24 horas del día con un ritmo intenso. Pareciera que todo lo que hacen lo hacen para confluir en sus objetivos más sentidos, desde los pequeños -pequeñísimos- detalles hasta las circunstancias más inabarcables.
“Siempre tomamos con mucha responsabilidad lo que queremos hacer. Desde un primer momento que empezamos a hacer nuestras propias canciones, nos decidimos a trabajar duro. Sabíamos que sería un camino que tenía un montón de cosas que iban a estar buenas; pero eso solo no se iba a dar, también era algo que nosotros teníamos que construir en el camino. Entonces todo lo que se fue dando, fue producto de que había muchas ganas de explorar ese mundo: Todo se va dando en la medida que uno va pensando en lo que va haciendo. Es imposible pararse y mirar a futuro qué es lo que va a pasar; por ahí se lo puede imaginar. Pero si hoy miramos para atrás vemos que todos los puntos se conectan”, reflexiona Poll.
En el fondo del predio donde pasan infinidad de horas todos los días de todas las semanas, el sol -que es un punto en el cielo- va cayendo y se conecta con el horizonte. Ani se mete en el estudio para dar unas clases de batería a un alumno. Juli y Poll se quedan charlando, craneando detalles de su próxima presentación. Todo lo que pueda sumar al universo Darlas está en la lista de tareas de estos muchachos que, aunque digan que es imposible, miran hacia el futuro.-
*Publicado en vientopuñal.com - 13 de junio 2019

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