"Dutsiland es la respuesta a la hiper
racionalización que nos rodea día a día"
Foto: Nora Lezano.
— El detonante máximo fue Cromañón.
En ese punto de inflexión se para el bajista Juan Pablo 'Jopo´ Quatrini para referenciar el surgimiento de una nueva dinámica del Rock en Argentina y analizar qué lugar ocupa la banda que formaron junto a amigos mendocinos unos pocos años después de ese siniestro hecho: Mi Amigo Invencible. “Después de que pasa la tragedia de Cromañón el indie toma la posta, con El Mató como abanderados, pioneros. De ahí en adelante es impresionante lo que ha salido de la escena under o indie. En realidad llámala como quieras, porque en el mote de indie entran muchas bandas que estilísticamente son muy distintas entre sí, pero con la misma filosofía de producción, con el ´hazlo tu mismo´ como bandera”, analiza.
Podemos dar cuenta que dentro del indie nacional hay expresiones muy diversas que surcan un mismo horizonte: de Paula Maffia a Shaman Herrera, de Acorazado Potemkin a Atrás Hay Truenos, de Pablo Dacal a Lucy Patané, de Proyecto Gómez Casa a Mi Amigo Invencible. Estas referencias no son azarosas, más allá de tiempos y espacios, Quatrini identifica una huella en la cultura joven argentina, una sed irruptiva que supera anecdotarios o posturas: “Si bien la tragedia de Cromañón visibilizó la enorme cantidad de problemas con infraestructuras y con la organización de recitales, el magma creativo es histórico en Argentina. No es un fenómeno de los ‘90, ni post-Cromañón. Te diría que es algo que viene desde mediados de los años ´60, en un país riquísimo en términos alternativos, de juventudes musicalmente inquietas y siempre experimentando. Eso es como un sello. La obra siempre salió a la luz, lo que tuvo es eso: nuevas formas de expresarse, nuevos códigos de juntadas, nuevos códigos de escena, nuevos renaceres”.
Quatrini, que llegó a Buenos Aires unos meses después de Cromañón, pone en perspectiva cómo fue empaparse de ese circuito para jóvenes que provenían del interior del país: “En ese sentido, nosotros, desde Mi Amigo Invencible, lo vivimos también. En esta época que nos tocó y desde el lugar de donde somos y adonde apostamos estar también. Yo soy el único no mendocino de la banda; soy de Junín, Provincia de Buenos Aires. Los chicos que son de Mendoza, venían teniendo su bandas y también el germen de Mi Amigo Invencible nace allá. Así que también sufrimos mucho las consecuencias de esta era y con estas reglas de juego”.
El jardín de los caminos que se juntan
Si bien el primer embrión de Mi Amigo Invencible nace en Mendoza como un proyecto solista de Mariano di Cesare(actualmente su guitarrista y voz principal), en 2009 se gesta en la ciudad de Buenos Aires la primera formación como trío: sumándose Arturo Martín (mendocino también) en batería, y Quatrini en bajo. “A Mariano lo conozco en la Universidad del Cine de Buenos Aires, él se había ido de Mendoza y yo hacía unos años de Junín. Estábamos estudiando Dirección Cinematográfica y ahí nos conocimos: eran nuestros primeros días de clases en un ambiente realmente extraño. Necesitábamos encontrar a alguien con quién empatizar un poco, y nos dimos cuenta que teníamos más o menos el mismo perfil. Hablando un par de boludeces en los recreos empezó a salir el tema de la música y los dos dijimos que éramos músicos. Un día lo invito a mí casa a estudiar, a preparar una materia o algo así, y nos pusimos a escuchar unos discos. Empezamos a flashear ahí y terminamos no estudiando nada, sino escuchando un montón de música y pergeñando la banda".
En ese entablar amistad de los dos incipientes estudiantes de Cine, Mariano le cuenta de su proyecto solista, bajo el nombre de Mi Amigo Invencible. De esa etapa queda registrado el disco Guaper la tenaza que corta el alambre del corral. “Todos los instrumentos los grababa Mariano en su habitación en Mendoza”, dice Jopo y, aunque también en ese material hay algunos aportes de amigos mendocinos, es en el 2009 y en Buenos Aires que retoman la idea de hacer Mi Amigo Invencible como banda. “Al toque, en una cena que organiza un amigo de la Facultad, Mariano me comenta que viene un amigo suyo de Mendoza, Arturo, que allá no se estaba hallando mucho, entonces para encontrarle una vuelta a su vida, tenía pensado venirse a Buenos Aires, y estaba muy entusiasmado de reencontrarse con Mariano y poder tocar algo. Ese es un poco el germen de todo, ahí empezamos a ensayar muy iniciáticamente los tres”.
Foto: Nora Lezano
A partir de allí empezaron a unir referencias, geografías, estados de ánimo, perspectivas: Un proyecto nacido unilateralmente en un paisaje de montañas, cielos enormes y caminos de tierra, comenzaba a expandirse en una urbe despoblada de naturaleza pero con una escena musical en expansión. Había que salir a mostrar el bagaje que tenían, y retroalimentarse. “Eso también fue un aprendizaje: ellos viniendo de Mendoza y yo del interior de Buenos Aires, empezamos a vivir cómo era la escena porteña post-Cromañón. Hemos tocado en lugares super bizarros; siempre eran lugares muy chiquitos, medio clandestinos. Al principio iban 5, después 15, después empezaron a ir 30 personas, se empezaron armar fechas en bolichitos un poco más grandes. Y ahí comienzan a venir el resto de los pibes de Mendoza, y se arma la formación que venimos siendo”. La banda la completan Mariano Castro, Nicolás Voloschin, Leonardo Gudiño y, la más reciente incorporación, Pablo di Nardo.
Después de ese lapso de formación, tanto en Mendoza como en Buenos Aires, Mi Amigo Invencible fue construyendo una huella, no sólo poblada por una discografía generosa (siete discos y algunos ep´ s) sino fundamentalmente por una identidad que propone imaginarios y busca cierta sonoridad sin tratar de forzarse dentro de algún género específico. En ese trayecto se pueden destacar los discos Relatos de un Incendio (2011), La nostalgia Soundsystem (2013) y La Danza de los Principiantes (2015). Una especie de trilogía donde los universos naturales, salvajes se entrometen en el devenir de la civilizaciones y sus relaciones humanas.
De esa parte hasta aquí han atravesado especialmente un periodo en el que la vorágine de giras no les permitía la concentración, la canalización necesaria para disfrutar del proceso creativo. Un periodo en el que reconfiguraron su manera de entenderse musicalmente y apostaron a construir un hogar. Un hogar que se materializó en su flamante nuevo disco, Dutsiland.
El verano que viene en Dutsiland
“Nos vimos inmersos en un desgaste un poco grande, pero era por una razón medianamente piola. Desde que salió La danza de los principiantes estuvimos tocando y viajando mucho. Eso nos quitó tiempo, tanto en cantidad como en calidad, para preparar cosas nuevas. Entonces nos vimos inmersos en un circuito en el que estábamos ensayando en salas alquiladas, por dos horas, y ensayábamos solamente el repertorio que íbamos a tocar ese fin de semana en tal o cual lugar. Estábamos muy metidos en esa maquinaria”, desglosa Quatrini para dar cuenta del momento que estaban pasando y que necesitaban reconfigurar. Si bien asegura que no corrió riesgo la continuidad de la banda, incluso durante ese periodo sacaron un par de ep´ s (Nuestra Noche -2017- y Ciencias Naturales -2018-), llegaron a un punto en que “se nos estaba complicando mucho flashear con un concepto de disco”.
Pero pasó algo, un hecho puntual, que cambió las cosas. “Ese tedio que nos estaba llevando a un vórtice medio oscuro se clarificó con la llegada de algo fundamental para el proceso del Dutsiland: nuestra sala propia”. Alquilaron un espacio, una especie de oficina vacía en el barrio de Congreso, y lo fueron preparando:levantaron una pared de durlock, la pintaron, le pusimos cortinas y alfombras, mesas y sillas; la acustizaron “como para que por primera vez en nuestra vida tuviéramos una sala de ensayo propia”.
—¿Qué pasó a partir de ahí, teniendo ese nuevo espacio para ustedes?
— Nos dio una frescura y luminosidad distinta —declara Quatrini— .Cambió la forma de ensayar, cambió mucho el tiempo que nos juntábamos, que compartíamos y cómo usábamos ese tiempo. Fue un proceso: armar la sala nos llevó 3 o 4 semanas. Apenas la terminamos pusimos los equipos, enchufamos todo y empezó a fluir música nueva. Empezaron a salir temas nuevos, y a la semana ya teníamos dos, y a la otra 6, y así... Entonces, vimos que en dos meses teníamos unos 15 temas que estaban saliendo muy bien, que nos gustaban mucho. Ahí ya empezamos a ubicar al productor, llamamos a un productor que se vino de Estados Unidos, estuvimos 9 días grabando, hicimos una pequeña edición en nuestra sala de unos 4 días, ahí nos fuimos a EE.UU. a mezclarlo, nos volvimos, lo masterizamos y ta. O sea, el proceso completo del disco entre que entramos al estudio y lo tuvimos entre manos fueron 3 semanas. Tremendamente resolutivo.
Después de casi 10 años de transitar por distintas salas alquiladas, MAI dió con un lugar donde pudo canalizar toda esa energía creativa que estaba obnubilada. “Es creer o reventar pero estuvimos tantos años dando vueltas, y apenas logramos el cometido de tener la sala y prepararla, en 3 semanas salió un disco entero. Entonces es eso, para mí Dutsiland es consecuencia de la sala”.
Cantó el gallo: ¡Dutsiland para todes!
—¿Cómo fue el proceso de trabajo con el productor estadounidense Luke Temple?
— Fue una relación muy loca e interesante. Las comunicaciones que habíamos tenido con él antes de vernos fueron bastante escasas. Igualmente, dentro de la escasez él siempre decía frases clave, o cosas dentro de su forma de ver la canción. Y siempre se notó como un tipo muy cálido, muy dado. A su vez, llegó un domingo a la noche a Ezeiza desde Los Ángeles, y el lunes a las 8 de la mañana ya estaba entrando al estudio a grabar con nosotros en General Rodríguez. Fue super fugaz: durmió esa noche y al otro día ya estaba trabajando con nosotros. Un tipo con una visión muy interesante. Nosotros creemos, haciendo una conexión muy amplia, que el indie para ellos es folcklore. Es un chabón que se maneja en su salsa. Con los arreglos que nos tiró y a los lugares donde llevó las canciones, nos dimos cuenta que era pura y exclusivamente del lugar donde él nació, se crió, vive e hizo toda su obra. Además, con un oído despejado de cualquier tipo de escena local, no tenía ni idea de lo que sonaba en Argentina. Vino de recontra onda, así como diciendo “suenan bien, veamos qué hacemos”. Creo que vino más por una aventura que por otra cosa. Fue muy interesante como su visión, su forma de escuchar y de arreglar, sus consejos a la hora de estar en el estudio, se mezclaban con nuestras canciones; que a su vez tienen ya el germen fuerte de Mi Amigo Invencible. Pero Luke fue el que las alienó un poco, el que las llevó para ese costado onírico, shoegazing.
— En el sonido de Mi Amigo Invencible se percibe un costado que está laburado desde la intriga, como un groovealgo hipnótico pero que también genera suspenso. En este disco, además, suman sintetizadores, alguna viola y flauta. ¿Cómo trabajaron la idea y el concepto del Dutsiland?
— La idea principal cuando estábamos manejando el concepto del disco era un tema más relacionado con la contemplación, con la iluminación. Pensábamos como despojarnos lo más posible de las cuestiones poéticas forzadas o pensada. Hay un tema que dice “basta ya de idealizar/ lo que tengo es tan normal y tan real”. Eso es un poco lo que buscábamos, por eso también flasheamos mucho con los amaneceres y los desayunos. Cuando estás medio aislado de espacio/tiempo y sólo tenés el rayo del sol entrando por la ventana y vos ahí tomando un café. Tu mente está en cualquier lado, pero no en cualquier lado pensando cuestiones complejas, sino como en el momento de mayor autenticidad que tenés para con vos mismo. Queríamos que fuera un disco auténtico, que hable de nosotros, y esto fue como volver a la esencia: tratar de trabajar la simplicidad, tratar de trabajar las canciones desde lo sintético.Muchas de las canciones tenían muchísimos más arreglos de los que terminaron teniendo, y el trabajo duro que hicimos fue de sintetizar, sacar, limpiar, filtrar.
— En relación a esto, ¿cómo se llevan con la dinámica -tan presente hoy- de la sobreinformación y la urgencia de tener que analizar situaciones o circunstancias que no se sabe qué son o que son tan efímeras y simultáneas como pasajeras? Algo que ustedes, entiendo,proponen en la canción “Batalla gigante” con eso de “la novedad perpetua nos confunde”.
— Efectivamente, Dutsiland es la respuesta a los procesos de hiper-conectividad, de hiper-información, de bombardeos mediáticos y neuróticos en el que estamos viviendo (en particular en estos últimos 3 años). Dutisiland es nuestra respuesta a eso. Es bajar un cambio, es levantar la pata del acelerador. O sea, no somos ignorantes a todo lo que está sucediendo, ni mucho menos. Pero tampoco queríamos generar un disco contestatario, o salir “con un mensaje”. Nuestra forma de vivir artísticamente, de vivir como banda, de crear en este momento está siendo esta. Cuando no estábamos tan ajenos a esta cuestión de la explosión estimulativa que se vive constantemente, sí era algo a lo que hacíamos referencia. Uno siempre quiere estar flasheando con la novedad, quiere salir con algo piola, quiere salir con un disco nuevo que suene distinto a lo demás y a lo que vos mismo hiciste. Nosotros logramos encontrarlo conceptualmente en eso: en la calma, la sencillez, la sustracción más que en la poetización o la hiper-racionalización de los hechos y los actos que nos rodean día a día.-
*Publicado en vientopuñal.com - 9 de agosto 2019
*Publicado en vientopuñal.com - 9 de agosto 2019



