sábado, 31 de agosto de 2019

Mi Amigo Invencible: Camino a Dutsiland

"Dutsiland es la respuesta a la hiper 
racionalización que nos rodea día a día"

Foto: Nora Lezano.


— El detonante máximo fue Cromañón.

En ese punto de inflexión se para el bajista Juan Pablo 'Jopo´ Quatrini para referenciar el surgimiento de una nueva dinámica del Rock en Argentina y analizar qué lugar ocupa la banda que formaron junto a amigos mendocinos unos pocos años después de ese siniestro hecho: Mi Amigo Invencible. “Después de que pasa la tragedia de Cromañón el indie toma la posta, con El Mató como abanderados, pioneros. De ahí en adelante es impresionante lo que ha salido de la escena under o indie. En realidad llámala como quieras, porque en el mote de indie entran muchas bandas que estilísticamente son muy distintas entre sí, pero con la misma filosofía de producción, con el ´hazlo tu mismo´ como bandera”, analiza.

Podemos dar cuenta que dentro del indie nacional hay expresiones muy diversas que surcan un mismo horizonte: de Paula Maffia a Shaman Herrera, de Acorazado Potemkin a Atrás Hay Truenos, de Pablo Dacal a Lucy Patané, de Proyecto Gómez Casa a Mi Amigo Invencible. Estas referencias no son azarosas, más allá de tiempos y espacios, Quatrini identifica una huella en la cultura joven argentina, una sed irruptiva que supera anecdotarios o posturas: “Si bien la tragedia de Cromañón visibilizó la enorme cantidad de problemas con infraestructuras y con la organización de recitales, el magma creativo es histórico en Argentina. No es un fenómeno de los ‘90, ni post-Cromañón. Te diría que es algo que viene desde mediados de los años ´60, en un país riquísimo en términos alternativos, de juventudes musicalmente inquietas y siempre experimentando. Eso es como un sello. La obra siempre salió a la luz, lo que tuvo es eso: nuevas formas de expresarse, nuevos códigos de juntadas, nuevos códigos de escena, nuevos renaceres”. 

Quatrini, que llegó a Buenos Aires unos meses después de Cromañón, pone en perspectiva cómo fue empaparse de ese circuito para jóvenes que provenían del interior del país: “En ese sentido, nosotros, desde Mi Amigo Invencible, lo vivimos también. En esta época que nos tocó y desde el lugar de donde somos y adonde apostamos estar también. Yo soy el único no mendocino de la banda; soy de Junín, Provincia de Buenos Aires. Los chicos que son de Mendoza, venían teniendo su bandas y también el germen de Mi Amigo Invencible nace allá. Así que también sufrimos mucho las consecuencias de esta era y con estas reglas de juego”. 


El jardín de los caminos que se juntan

Si bien el primer embrión de Mi Amigo Invencible nace en Mendoza como un proyecto solista de Mariano di Cesare(actualmente su guitarrista y voz principal), en 2009 se gesta en la ciudad de Buenos Aires la primera formación como trío: sumándose Arturo Martín (mendocino también) en batería, y Quatrini en bajo. “A Mariano lo conozco en la Universidad del Cine de Buenos Aires, él se había ido de Mendoza y yo hacía unos años de Junín. Estábamos estudiando Dirección Cinematográfica y ahí nos conocimos: eran nuestros primeros días de clases en un ambiente realmente extraño. Necesitábamos encontrar a alguien con quién empatizar un poco, y nos dimos cuenta que teníamos más o menos el mismo perfil. Hablando un par de boludeces en los recreos empezó a salir el tema de la música y los dos dijimos que éramos músicos. Un día lo invito a mí casa a estudiar, a preparar una materia o algo así, y nos pusimos a escuchar unos discos. Empezamos a flashear ahí y terminamos no estudiando nada, sino escuchando un montón de música y pergeñando la banda". 

En ese entablar amistad de los dos incipientes estudiantes de Cine, Mariano le cuenta de su proyecto solista, bajo el nombre de Mi Amigo Invencible. De esa etapa queda registrado el disco Guaper la tenaza que corta el alambre del corral. “Todos los instrumentos los grababa Mariano en su habitación en Mendoza”, dice Jopo y, aunque también en ese material hay algunos aportes de amigos mendocinos, es en el 2009 y en Buenos Aires que retoman la idea de hacer Mi Amigo Invencible como banda. “Al toque, en una cena que organiza un amigo de la Facultad, Mariano me comenta que viene un amigo suyo de Mendoza, Arturo, que allá no se estaba hallando mucho, entonces para encontrarle una vuelta a su vida, tenía pensado venirse a Buenos Aires, y estaba muy entusiasmado de reencontrarse con Mariano y poder tocar algo. Ese es un poco el germen de todo, ahí empezamos a ensayar muy iniciáticamente los tres”.

Foto: Nora Lezano

A partir de allí empezaron a unir referencias, geografías, estados de ánimo, perspectivas: Un proyecto nacido unilateralmente en un paisaje de montañas, cielos enormes y caminos de tierra, comenzaba a expandirse en una urbe despoblada de naturaleza pero con una escena musical en expansión. Había que salir a mostrar el bagaje que tenían, y retroalimentarse. “Eso también fue un aprendizaje: ellos viniendo de Mendoza y yo del interior de Buenos Aires, empezamos a vivir cómo era la escena porteña post-Cromañón. Hemos tocado en lugares super bizarros; siempre eran lugares muy chiquitos, medio clandestinos. Al principio iban 5, después 15, después empezaron a ir 30 personas, se empezaron armar fechas en bolichitos un poco más grandes. Y ahí comienzan a venir el resto de los pibes de Mendoza, y se arma la formación que venimos siendo”. La banda la completan Mariano Castro, Nicolás Voloschin, Leonardo Gudiño y, la más reciente incorporación, Pablo di Nardo.

Después de ese lapso de formación, tanto en Mendoza como en Buenos Aires, Mi Amigo Invencible fue construyendo una huella, no sólo poblada por una discografía generosa (siete discos y algunos ep´ s) sino fundamentalmente por una identidad que propone imaginarios y busca cierta sonoridad sin tratar de forzarse dentro de algún género específico. En ese trayecto se pueden destacar los discos Relatos de un Incendio (2011), La nostalgia Soundsystem (2013) y La Danza de los Principiantes (2015). Una especie de trilogía donde los universos naturales, salvajes se entrometen en el devenir de la civilizaciones y sus relaciones humanas. 

De esa parte hasta aquí han atravesado especialmente un periodo en el que la vorágine de giras no les permitía la concentración, la canalización necesaria para disfrutar del proceso creativo. Un periodo en el que reconfiguraron su manera de entenderse musicalmente y apostaron a construir un hogar. Un hogar que se materializó en su flamante nuevo disco, Dutsiland. 


El verano que viene en Dutsiland

“Nos vimos inmersos en un desgaste un poco grande, pero era por una razón medianamente piola. Desde que salió La danza de los principiantes estuvimos tocando y viajando mucho. Eso nos quitó tiempo, tanto en cantidad como en calidad, para preparar cosas nuevas. Entonces nos vimos inmersos en un circuito en el que estábamos ensayando en salas alquiladas, por dos horas, y ensayábamos solamente el repertorio que íbamos a tocar ese fin de semana en tal o cual lugar. Estábamos muy metidos en esa maquinaria”, desglosa Quatrini para dar cuenta del momento que estaban pasando y que necesitaban reconfigurar. Si bien asegura que no corrió riesgo la continuidad de la banda, incluso durante ese periodo sacaron un par de ep´ s (Nuestra Noche -2017- y Ciencias Naturales -2018-), llegaron a un punto en que “se nos estaba complicando mucho flashear con un concepto de disco”. 

Pero pasó algo, un hecho puntual, que cambió las cosas. “Ese tedio que nos estaba llevando a un vórtice medio oscuro se clarificó con la llegada de algo fundamental para el proceso del Dutsiland: nuestra sala propia”. Alquilaron un espacio, una especie de oficina vacía en el barrio de Congreso, y lo fueron preparando:levantaron una pared de durlock, la pintaron, le pusimos cortinas y alfombras, mesas y sillas; la acustizaron “como para que por primera vez en nuestra vida tuviéramos una sala de ensayo propia”. 


—¿Qué pasó a partir de ahí, teniendo ese nuevo espacio para ustedes?

— Nos dio una frescura y luminosidad distinta —declara Quatrini— .Cambió la forma de ensayar, cambió mucho el tiempo que nos juntábamos, que compartíamos y cómo usábamos ese tiempo. Fue un proceso: armar la sala nos llevó 3 o 4 semanas. Apenas la terminamos pusimos los equipos, enchufamos todo y empezó a fluir música nueva. Empezaron a salir temas nuevos, y a la semana ya teníamos dos, y a la otra 6, y así... Entonces, vimos que en dos meses teníamos unos 15 temas que estaban saliendo muy bien, que nos gustaban mucho. Ahí ya empezamos a ubicar al productor, llamamos a un productor que se vino de Estados Unidos, estuvimos 9 días grabando, hicimos una pequeña edición en nuestra sala de unos 4 días, ahí nos fuimos a EE.UU. a mezclarlo, nos volvimos, lo masterizamos y ta. O sea, el proceso completo del disco entre que entramos al estudio y lo tuvimos entre manos fueron 3 semanas. Tremendamente resolutivo. 

Después de casi 10 años de transitar por distintas salas alquiladas, MAI dió con un lugar donde pudo canalizar toda esa energía creativa que estaba obnubilada. “Es creer o reventar pero estuvimos tantos años dando vueltas, y apenas logramos el cometido de tener la sala y prepararla, en 3 semanas salió un disco entero. Entonces es eso, para mí Dutsiland es consecuencia de la sala”.

Cantó el gallo: ¡Dutsiland para todes!


—¿Cómo fue el proceso de trabajo con el productor estadounidense Luke Temple?

— Fue una relación muy loca e interesante. Las comunicaciones que habíamos tenido con él antes de vernos fueron bastante escasas. Igualmente, dentro de la escasez él siempre decía frases clave, o cosas dentro de su forma de ver la canción. Y siempre se notó como un tipo muy cálido, muy dado. A su vez, llegó un domingo a la noche a Ezeiza desde Los Ángeles, y el lunes a las 8 de la mañana ya estaba entrando al estudio a grabar con nosotros en General Rodríguez. Fue super fugaz: durmió esa noche y al otro día ya estaba trabajando con nosotros. Un tipo con una visión muy interesante. Nosotros creemos, haciendo una conexión muy amplia, que el indie para ellos es folcklore. Es un chabón que se maneja en su salsa. Con los arreglos que nos tiró y a los lugares donde llevó las canciones, nos dimos cuenta que era pura y exclusivamente del lugar donde él nació, se crió, vive e hizo toda su obra. Además, con un oído despejado de cualquier tipo de escena local, no tenía ni idea de lo que sonaba en Argentina. Vino de recontra onda, así como diciendo “suenan bien, veamos qué hacemos”. Creo que vino más por una aventura que por otra cosa. Fue muy interesante como su visión, su forma de escuchar y de arreglar, sus consejos a la hora de estar en el estudio, se mezclaban con nuestras canciones; que a su vez tienen ya el germen fuerte de Mi Amigo Invencible. Pero Luke fue el que las alienó un poco, el que las llevó para ese costado onírico, shoegazing.


— En el sonido de Mi Amigo Invencible se percibe un costado que está laburado desde la intriga, como un groovealgo hipnótico pero que también genera suspenso. En este disco, además, suman sintetizadores, alguna viola y flauta. ¿Cómo trabajaron la idea y el concepto del Dutsiland?

— La idea principal cuando estábamos manejando el concepto del disco era un tema más relacionado con la contemplación, con la iluminación. Pensábamos como despojarnos lo más posible de las cuestiones poéticas forzadas o pensada. Hay un tema que dice “basta ya de idealizar/ lo que tengo es tan normal y tan real”. Eso es un poco lo que buscábamos, por eso también flasheamos mucho con los amaneceres y los desayunos. Cuando estás medio aislado de espacio/tiempo y sólo tenés el rayo del sol entrando por la ventana y vos ahí tomando un café. Tu mente está en cualquier lado, pero no en cualquier lado pensando cuestiones complejas, sino como en el momento de mayor autenticidad que tenés para con vos mismo. Queríamos que fuera un disco auténtico, que hable de nosotros, y esto fue como volver a la esencia: tratar de trabajar la simplicidad, tratar de trabajar las canciones desde lo sintético.Muchas de las canciones tenían muchísimos más arreglos de los que terminaron teniendo, y el trabajo duro que hicimos fue de sintetizar, sacar, limpiar, filtrar. 

— En relación a esto, ¿cómo se llevan con la dinámica -tan presente hoy- de la sobreinformación y la urgencia de tener que analizar situaciones o circunstancias que no se sabe qué son o que son tan efímeras y simultáneas como pasajeras? Algo que ustedes, entiendo,proponen en la canción “Batalla gigante” con eso de “la novedad perpetua nos confunde”. 

— Efectivamente, Dutsiland es la respuesta a los procesos de hiper-conectividad, de hiper-información, de bombardeos mediáticos y neuróticos en el que estamos viviendo (en particular en estos últimos 3 años). Dutisiland es nuestra respuesta a eso. Es bajar un cambio, es levantar la pata del acelerador. O sea, no somos ignorantes a todo lo que está sucediendo, ni mucho menos. Pero tampoco queríamos generar un disco contestatario, o salir “con un mensaje”. Nuestra forma de vivir artísticamente, de vivir como banda, de crear en este momento está siendo esta. Cuando no estábamos tan ajenos a esta cuestión de la explosión estimulativa que se vive constantemente, sí era algo a lo que hacíamos referencia. Uno siempre quiere estar flasheando con la novedad, quiere salir con algo piola, quiere salir con un disco nuevo que suene distinto a lo demás y a lo que vos mismo hiciste. Nosotros logramos encontrarlo conceptualmente en eso: en la calma, la sencillez, la sustracción más que en la poetización o la hiper-racionalización de los hechos y los actos que nos rodean día a día.-

*Publicado en vientopuñal.com - 9 de agosto 2019

jueves, 29 de agosto de 2019

La vida de las canciones

La cantautora neuquina Úrsula lanzó recientemente su primer material, titulado Matar. Bajo esesugestivo nombre, estas canciones imaginan un futuro mejor; construido desde la amistad, el juego, los recuerdos, el amor. Canciones para pasar el invierno, porque claramente no queda otra. 

Las canciones de Matar, el primer álbum de Úrsula, se materializan luego de un periodo de silencio. “Son canciones que surgen después de que rompo con algunas situaciones, de un periodo donde no estaba componiendo tanto y tenía cierta inseguridad”, dice la cantautora neuquina que viene de presentar el disco en Buenos Aires y La Plata.

A partir de allí, y enfrentando ese dilema introspectivo, la búsqueda se concentró en torno al recuerdo. “Este proceso implicó volver a recordar esa época en la que la música sólo me hacía feliz y empezar a pensar en eso. Me di cuenta que ese momento fue cuando tenía alrededor de 5, que jugaba a cantar. Entonces eso me brindó la pauta de empezar a hacer canciones más sencillas, porque antes las hacia muy enroscadas”. Con esa propuesta encontró en sus composiciones la fluidez de liviandad que parece rondar en este EP. Cuatro canciones que abanican dudas y certezas, desde una mirada filosa y sincera; como muchas veces es la mirada de les niñes. 

A la hora de descifrar el título del álbum, la autora plantea varias aristas: por un lado, el disparador fue un juego de palabras. “Matar” es un anagrama de su apellido. “Generalmente no uso mi apellido para presentarme, y siempre dudo en cómo ponerme. Entonces voy cambiando, jugando con las letras. Así es que con mi apellido se puede formar trama, Marta, y matar. Me gustó eso de Úrsula Matar.” 

A ese juego le siguió un elemento de contraste ,“que surge entre una palabra tan fuerte como matar y lo que después te encontrás en el disco”. Es que ni bien le das play, el universo que propone Úrsula es armonioso, cálido, “dulce” como dice ella, “no es que abrís el disco y te encontrás con metal pesado”.

Esa referencia de contraste se plasma exquisitamente en la última canción. Sino no se explica cómo se puede entonar la frase “Fondo Monetario Internacional” sin que resulte revulsivo (más teniendo en cuenta ésta época del país). En este canto, de tono risible y tierno, encontramos más bien el recurso de la sátira. “A este fondo lo conozco”, reconoce en una línea siguiente haciendo una posible analogía con un estado de duelo, de quiebre sentimental. Aunque siempre marcando el límite con astucia: “Quiero ser libre de vos”, anuncia y todos las metáforas se resuelven en esa directa.

De aquí se desprende otro costado que tiene el álbum, el social. “También el título hace referencia a la situación densa que estamos atravesando a nivel país”, afirma Úrsula y narra una situación en la que un nene, en la calle, le confiesa su malestar por sentir hambre. Ese encuentro generó la composición de “Hay que pasar el invierno”, canción que abre el disco, y que tiene el acompañamiento de Omar “El Negro” Gómez, navegando con su bajo sobre el mar esperanzador que propone la cantautora.




En el medio del disco, nos encontramos con dos canciones que están trabajadas junto a otros músicos. Sí bien en el principio Úrsula grabó en Buenos Aires y al toque se volvió a Neuquén, “Esa sombra es tu amor” se terminó de construir en La Plata, con los aportes de Tincho Acosta (en guitarra y coros) y Fede Aguirre (en acordeón). Corrió igual suerte “Hay que pasar el invierno” con los dedos del Negro Gómez. “Siempre, desde el principio, estuvieron dispuestos y lo que tocaron ahí (en los dos casos) es algo que armaron ellos, pensando en mis canciones”. La otra canción,“En cada cosa tuya”, cuenta con la producción de Cristian Faiad (también en “F.M.I.”) además de su participación y la de Federico Borges como músicos. 

Estas participaciones, además de aportar a lo musical, Úrsula las define como determinantes a la hora de lanzarse a grabar y producir el disco. “Estas amistades que participaron, desde los músicos hasta la fotógrafa que realizó la tapa (Romina Nales), me llegaron por el lado del incentivo y la participación para, claramente, embellecer las canciones. Esta bueno que de la amistad se cree algo”. 

“Entonces este EP, aparte de proponer su música, también lo percibo como un encuentro con mucha gente y está cargado con esa emoción; además también por ser mi primera experiencia en la que grabo mis canciones. Es un punto de partida, con todo lo que conlleva eso. Ahora ya teniendo esto, puedo ir imaginando el próximo trabajo. Porque por ejemplo sucedió que una de las canciones la metí a lo último, ya que la guitarra principal la compuse unos días antes de grabar. Y no suelo hacer eso, siempre me tomo mi tiempo. Aún así, estuvo bueno hacerlo así; sobre todo teniendo en cuenta que era un disco que tenía que salir”, dice Úrsula. Y salió.-

*Publicada en vientopuñal.com

DARLAS: Donde los detalles se conectan

En un rincón, al fondo del predio de Cooperativa La Estrella, en Cinco Saltos, se encuentra la guarida de Darlas. Allí pasan infinidad de horas enfocados en su proyecto musical.

Hace pocos días en ese gran predio se realizó una Feria de Economía Popular, con algunos espectáculos, y todavía está montado el escenario bajo un tinglado del fondo. Los Darlas imaginan en algún momento poder realizar un festival ahí mismo; un evento de cierta magnitud que pueda unificar diversas expresiones de lo que está sucediendo en el Valle. En esa idea, ese proyecto, ese sueño se condensa el lineamiento artístico de Darlas, una banda que labura sus ideas desde los detalles y promueve la importancia de la escena por sobre las aspiraciones individuales de cada grupo.

Por el momento, recientemente han celebrado su aniversario número seis en uno de los salones que rodean ese “gran patio” de la Cooperativa. La idea del festival al aire libre es algo más grande, que implicaría direccionar el gran caudal de múltiples intenciones y propuestas artísticas que ofrece el Valle. Por ahora lo imaginan, sentados en el pequeño escenario que quedó de la Feria, a unos pocos metros de su guarida. “Tal vez, cuando pase el frío podamos diagramar algo”, suelta Juli, el encargado de las guitarras, voces y sintetizadores. Poll, el dueño de los bajos, le arrima un mate y ambos se quedan mirando hacia la otra punta del predio.


Foto Mariano Manizzi

Hace unos minutos terminaron de ensayar y salieron de la guarida, ese espacio que antes funcionaba como cocina y depósito pero que desde hace cinco años lo utilizan para ensayar, grabar, inspirarse y un largo etcétera que ha transformado el lugar en su segundo hogar. “Nos gusta pasar mucho tiempo en el estudio. Nos dimos cuenta que nos gusta el ensayo, la creación. El primer año estuvimos ensayando todos los domingos en el quincho de mi casa, hasta que los vecinos nos empezaron a tirar botellazos”, dice riendo Ani, el baterista. “Creemos que de ahí salen las cosas, no nos gusta ser improvisados. Trabajamos desde el primer detalle hasta el último. Eso nos fue llevando a una dinámica de laburo donde empezamos a dividir roles y a asumir responsabilidades profesionalmente. Pareciera que teniendo una buena base lo demás empieza a darse solo, pero en realidad eso se construye dia a dia, minuto a minuto y nosotros pasamos muchas horas en ese Estudio”. 

El estudio de Darlas da cuenta que son un grupo que está en los detalles. Al entrar te invade un perfume, no de incienso sino más bien de aromatizador artificial, una fragancia frutal. En un sector de la sala, prolijamente estructurado, hay un gran escritorio con una gran pantalla, cpu, parlantes y consolas, custodiados por un aire acondicionado; en el sector opuesto los instrumentos, también prolijamente acomodados, sobre alfombras; en los pies de micrófonos y en los fierros de la batería se entrelazan flores de plástico; en las paredes laterales cuelgan luces led de colores, que se prenden y se apagan. Es un ambiente que remite a Stranger things, pero en la nave de 2001: Una odisea en el espacio. En fin, Darlas es una banda que está en los detalles. Se nota, y tan es así que en ese momento -un receso del ensayo- se fijan qué ropa van a vestir en el show que compartirán, por esos días, con Bandalos Chinos. Se van pasando un celular donde les mandaron imagenes de camperas y camisetas, cortesía de una gente amiga que recicla y vende ropa vintage, y que ellos lucen en los recitales. Todo en concordancia con su propuesta musical, un estilo indie pop sin tapujos. 

Toda esa atmósfera que plantean en su estudio, en el día a día, también la reflejan en sus recitales. Dice Ani: “No sólo nos la pasamos ensayando y produciendo, sino también captando. Tratamos de estar lo más lúcidos posible para volcarlo tanto en una producción como en el escenario. Nuestras puestas son muy planificadas, las adornamos con flores, con leds, nos empilchamos de una cierta manera, toda una estética. Está todo planeado y muy desarrollado a conciencia”. 

LA ESCENA ESTÁ SERVIDA

Además de a los detalles, le dan mucha importancia al contacto con otros artistas y al estar atentos a lo que pueden aprender de cada uno. “Tratamos de compartir mucho con nuestros colegas, con gente del ambiente. Todas esas relaciones nos vinculan, nos hacen crecer. Por ahí conectamos con alguna persona que nos hace ver algún punto interesante y nos decimos ‘ah mirá esto no lo sabíamos’ y comenzamos a trabajar con más ganas”, dice Juli y en ese momento surge el ejemplo de un sello cordobés, Discos del Bosque, que aglutina muchas bandas de esa escena independiente de la cual aprendieron mucho.

En esa oportunidad realizaron una gira por Córdoba y Rosario a bordo de una camioneta, que recientemente habían adquirido; contando con tan mala suerte que se les rompió antes de llegar a la ciudad santafesina. Realizaron la gira planificada, pero la camioneta y varios instrumentos tuvieron que quedarse en un taller mecánico de Rosario. Ellos volvieron en colectivo casi con lo puesto. Otro detalle que define a Darlas: pueden captar la experiencia haciendo de las dificultades posibles beneficios: la camioneta estuvo un año en ese taller mecánico, hasta que pudieron regresar a buscarla, pero aprovecharon el viaje para realizar una segunda gira. Esta vez volvieron con todo.

En esos viajes, vieron y adquirieron una forma de trabajar que intentan llevar a cabo en la zona. “Lo que compartimos con la escena indie es que se puede (y se está logrando) hacer muchas cosas autogestivas. Por ejemplo, la gente de Córdoba arrancó con un sello y a partir de ahí se dió una unión y crecimiento. Nosotros acá también estamos intentando ese camino, hay muchas redes masivas y hay que aprovecharlas”, aporta Ani. Juli completa: “Creo que desde momento algo hizo clic y cambió la manera de ver las cosas. Dijimos ‘che tenemos que laburar de otra manera’, un poco más en conjunto, no laburar sólo nuestro crecimiento sino el de toda una escena, el de otras bandas. Todo lo que uno se va cruzando en el camino te hacen dar ganas de generar una transformación más grande”.

En estas latitudes han organizado el Valle Sónico, un ciclo de música independiente e itinerante que ha recorrido diversos escenarios de la zona. Una propuesta encarada desde la autogestión en conjunto con otras bandas (Delta Calibre, Niño Kamikaze, Papeles, entre varias más) y que ha desarrollado esa idea de “la unión hace la fuerza”, generando una escena activa. “Es un ciclo que nace no sólo con la idea de compartir el tocar con otras bandas, sino también para juntarnos a charlar cosas extramusicales. Siempre tratamos de reunirnos, ver en qué situación está cada uno, ver qué necesita otra banda; siempre tratamos de mantener ese lazo y eso también nos ha hecho crecer no sólo desde lo musical sino también con otros agentes de la cultura que son muy importantes para una escena”.

Foto Mariano Manizzi

“PUEDO VER Y DECIR Y SENTIR: ALGO HA CAMBIADO”

Darlas a lo largo de sus 6 años de vida ha sido un quinteto, también cuarteto y hoy día es un trío. “Para llegar a que hoy estemos acá nosotros tres también sucedió que hayan pasado más integrantes que dejaron su impronta en lo que somos hoy. Pero también tuvimos que plantear esta situación actual y activarla desde el trío, modificar roles y pensar la propuesta de las canciones de otra manera”, dice Poll. 

Hay algo especial en la conformación del grupo. Cada uno de los tres integrantes está pisando una década distinta en edad. Ya sea empezando una o finalizando otra, los Darlas se llevan alrededor de 10 años cada uno. O sea, entre el mayor y el menor hay, más o menos, una diferencia de 20 años. Un detalle intrascendente, sí; pero eso es lo especial: que de eso no hacen una diferencia, sino una potencialidad. 

Comentan que cuando empezaron hacían covers, marcados por influencias comunes, a pesar de la diferencia de edad. Ani narra que se llevó una gran sorpresa cuando Poll le presentó a Juli: “Con Poll veníamos pensando unos proyectos medios inconclusos porque ensayábamos una vez a las quinientas, y un día me dijo ‘conozco a unos chicos´´ (por Juli y su hermano, que toca el teclado); entonces cayeron y empezaron a pelar Spinetta, Charly, Fito. Tenían 14, 15 años y yo decía:´ ´¡Qué bueno estos chabones! ¿de a dónde los sacaste?´ ”, cuenta con admiración. “Entonces quedamos muy unidos con el tema de las influencias. Por ejemplo, que el Juli curta lo mismo que Poll y yo era algo que nos maravillaba. Pero de todas maneras no son sólo las influencias -que pueden ser un elemento unificador atemporal-, sino también la época que vive cada uno. Nosotros, este trío tiene tres generaciones muy marcadas. En la adolescencia es donde uno va con las antenas receptivas más atentas, y mi adolescencia fue en los 90´s, Poll en la primera década del 2000, y Juli, bueno... sigue siendo un adolescente prácticamente, es el terror de la humanidad”, dice abriendo los ojos y todos estallan de risa. 

Juli vuelve sobre el tema: “Las canciones de los años 80´s nos marcaron mucho. Fito, Charly, canciones que tienen un poco que ver con la historia de cada uno, y que están casi en el ADN. Y si bien hoy principalmente escuchamos otra música, eso siempre está. Llegó un momento, como todo, que uno siente la curiosidad de explorar su costado creativo y lo que más nos atravesaba era la sed de hacer música nuestra”.

A partir de allí comenzaron a componer, a construir su identidad, como una banda de rock basada principalmente en el sonido pop y un posicionamiento indie. “Está bueno que se rompan ciertas estructuras, sobre todo musicales. El rock, en un momento era muy cerrado, solo abarcaba cosas como el punk, el heavy y hasta ahí. Pero ahora esto que decimos nosotros que nos reconocemos dentro de lo independiente, de lo indie, es mucho más amplio su espectro, porque no sólo abarca lo musical sino también cómo encarar el trabajo, cómo ir compartiendo con sus pares artistas; y a partir de eso te va dejando enseñanzas mucho más nutridas”, apunta Ani como consecuencia del carácter de su posición filosófica. 


LA ENERGÍA DEL RITMO

En estos días están por presentar su tercer disco, titulado Entre los dos. El primero con la formación de trío. Un disco que produjeron y grabaron durante el verano, en Cipoletti, cuando coparon la casa deshabitada que una amiga del grupo tenía en venta. Allí se convocaron, convivieron durante una semana; desarrollaron las canciones y grabaron. Ese clima les permitió generar un lazo compositivo que floreció en esto de reestructurar la banda y encontrar nuevos roles y matices. Luego afinaron detalles y algunas grabaciones extras en su estudio, esa guarida retro-futurista de Cinco Saltos.

Para la tapa convocaron a una artista, Kari Sanhueza, que conocieron en un evento: “Nos fascinó como pintaba en un show en vivo, y le propusimos para que haga la tapa”. En ella se ve la “aventurera” camioneta de la banda abierta y desbordada por un frondoso universo de ramas y flores. 


Para la presentación, que harán a dos funciones en el teatro Arrimadero de Neuquén, buscan generar algo distinto a lo que vienen haciendo. Con músicos invitados y otras sorpresas en el plano escénico y conceptual.

Si bien hay una cuota extra en la energía que proponen arriba del escenario, Darlas es una banda que pareciera funcionar las 24 horas del día con un ritmo intenso. Pareciera que todo lo que hacen lo hacen para confluir en sus objetivos más sentidos, desde los pequeños -pequeñísimos- detalles hasta las circunstancias más inabarcables. 

“Siempre tomamos con mucha responsabilidad lo que queremos hacer. Desde un primer momento que empezamos a hacer nuestras propias canciones, nos decidimos a trabajar duro. Sabíamos que sería un camino que tenía un montón de cosas que iban a estar buenas; pero eso solo no se iba a dar, también era algo que nosotros teníamos que construir en el camino. Entonces todo lo que se fue dando, fue producto de que había muchas ganas de explorar ese mundo: Todo se va dando en la medida que uno va pensando en lo que va haciendo. Es imposible pararse y mirar a futuro qué es lo que va a pasar; por ahí se lo puede imaginar. Pero si hoy miramos para atrás vemos que todos los puntos se conectan”, reflexiona Poll. 

En el fondo del predio donde pasan infinidad de horas todos los días de todas las semanas, el sol -que es un punto en el cielo- va cayendo y se conecta con el horizonte. Ani se mete en el estudio para dar unas clases de batería a un alumno. Juli y Poll se quedan charlando, craneando detalles de su próxima presentación. Todo lo que pueda sumar al universo Darlas está en la lista de tareas de estos muchachos que, aunque digan que es imposible, miran hacia el futuro.-


*Publicado en vientopuñal.com - 13 de junio 2019

Shaman: En busca de la profecía

Primavera El bosque como refugio y el refugio como inspiración. Ahí está Shaman Herrera. Sentado en una gran piedra, guitarra so...